Celebración sin Oribe ni triunfo local

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México, D.F.-
La gente lo pedía a gritos, pero éste ni siquiera llegó al Coloso de Santa Úrsula. Oribe Peralta, el héroe de oro de la Selección Olímpica en la final de Londres 2012 ante Brasil, no pudo estar en la celebración.
“¡Oribe, Oribe!”, gritaban los más de 50 mil fanáticos que gastaron su quincena para homenajear a sus ídolos. Al medio tiempo del encuentro amistoso entre México y Estados Unidos, la delegación futbolística que participó en la justa londinense se vio reducida a la mitad.
Néstor Vidrio, Javier Cortés, Raúl Jiménez, Javier Aquino y Héctor Herrera pasaron primero a la cancha del estadio Azteca. Rodeados de camarógrafos, los futbolistas encabezaban al contingente de medallistas olímpicos. Luis Fernando Tena, director técnico de la Sub-23, se añadió con Néstor Araujo, Jesús Corona y Diego Reyes. Ellos dieron la cara en el festejo que les prepararon.
A la cosecha se sumaron Germán Sánchez e Iván “El Pollo” García, plata en clavados sincronizados desde la plataforma; Paola Espinosa y Alejandra Orozco, también clavadistas que obtuvieron medalla de plata; Aída Román, con el mismo tipo de presea en tiro con arco individual y María del Rosario Espinoza, bronce en taekwondo.
Las ausencias fueron muchas, porque aparte del referido Oribe Peralta, tampoco llegaron Marco Fabián, Jorge Enríquez, Antonio Rodríguez ni Miguel Ponce, así como Laura Sánchez, bronce en trampolín de tres metros, ni Mariana Avitia, con el mismo metal en tiro con arco.
Los que se dejaron consentir para sacar jugo al encuentro amistoso entre México y Estados Unidos vivieron una sorpresa sin igual. Ubicados en el centro del campo, disfrutaron de un concierto de un breve espectáculo pirotécnico y después dieron la vuelta olímpica ante los aplausos de los miles de seguidores.
El Azteca tuvo, además, otros ingredientes a esa celebración. Por ejemplo, se estrenó la nueva zona de bancas, la cual se ubica más cerca de la cancha y reduce a la mitad el área técnica destinada a los entrenadores.
Se instaló una especie de fan fest para los aficionados, quienes disfrutaron de toda clase de bebidas.
En los alrededores del inmueble se vendieron a 20 pesos medallitas olímpicas de oro.
No podía faltar la presencia de voraces revendedores, aunque éstos nos tuvieron mucha fortuna. La mitad del boletaje del inmueble no se vendió y muchos de ellos tuvieron que ofertar sus boletos casi al precio y hasta más barato.
El empleo de lásers a lo largo del partido incomodó a los jugadores de Estados Unidos y obligó al sonido local a recomendar la abstención en su uso. Lo único malo es que a todo este show, no estuvo presente el gol de México y sí, en cambio, el descalabro histórica a manos estadounidenses.

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