Mientras oigo los gritos de euforia por el segundo gol de México contra Japón en los Juegos Olímpicos, reflexiono en que los mexicanos nos conformamos con poco.
No se requieren grandes cosas para hacer a un mexicano feliz, un triunfo en un país lejano (difundido por las dos televisoras nacionales que controlan los contenidos televisivos de muy baja calidad), nos da alegría.
Tener una buena comida, nos da alegría.
Ver a una autoridad que nos presta atención, aunque no nos resuelva el problema, eso nos da alegría.
Cuando gobernaba Tomás Yarrington en ocasiones se quejaba de la insistencia de los reporteros por entrevistarlo, cuando él pensaba que no había tema importante ese día sobre el cual hablar.
Pero entendía la importancia de la prensa, él es, se puede decir, uno de los pocos gobernantes que comprenden la política, sabe lo que significa atender a los medios y lo hacía prácticamente todo el tiempo.
En alguna ocasión se le hizo notar que los periodistas son un gran apoyo cuando se trata de saber qué está pasando más allá de las áreas que un gobernante puede observar.
Los medios de comunicación con altura de miras, se convierten en grandes aliados cuando se trata de corregir errores de una administración sea del nivel que sea.
Pero para ello se debe superar esa animadversión, una veces gratuita, otras pocas justificada, que los funcionarios y los gobernantes en turno tienen contra los medios y los periodistas.
Hay de entrada, una desconfianza que muchas veces es alimentada por gente cercana a quien gobierna para “hablarle al oído” en contra de determinado medio o periodista. Lo más increíble es que esa persona cree a pie juntillas lo que le dicen, sin haber siquiera verificado la realidad de lo que su subalterno afirma.
Hay también una falta de entendimiento del funcionario o gobernante que no le sabe a eso de informar oportunamente sobre lo que sucede en su área de incumbencia, aún cuando está obligado por la ley de transparencia de notificar a la ciudadanía la marcha de sus gestiones.
Por eso, cuando se recuerda un gobernador como Yarrington o el ingeniero Américo Villarreal no se puede dejar de añorar el respeto con que trataban a los medios y a pesar de no comulgar con alguno, lo atendían, era pues, una actitud influenciada por su manera de manejar el asunto público y la política.
Volviendo al tema de que los mexicanos nos conformamos con poco, tal vez es el tiempo de empezar a exigir más a quien gobierna, no sólo que atienda a la prensa, sino que lo haga con respeto.
Y eso también va para la Selección de futbol mexicana, que no se conformen con una presea de plata o bronce, que vayan a la final por el Oro, porque queremos escuchar el Himno Nacional Mexicano en tierras británicas.
Es lo menos que se puede esperar de un equipo que tiene todo para ganar el primer lugar.
LA FRASE
“Por la corta vida del movimiento, esta portavoz considera lógico que las protestas no se hayan traducido en un vuelco electoral. “A la gente se le olvida que tenemos apenas tres meses de habernos conformado. En ese tiempo no se iba a lograr cambiar las elecciones. Dirán que Peña Nieto ganó, pero el 132 ahorita es un referente. Ya no se pueden concebir otras elecciones en México sin hacer referencia al movimiento estudiantil”, dice sonriente Alina Rosas la dirigente del movimiento en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM en una entrevista al periódico español El País.
“Tras las elecciones, el movimiento ha participado en constantes protestas contra el “fraude e imposición” a favor del PRI y exige la “democratización de los medios”. El éxito de fondo de Yo Soy 132 parece ser la movilización política de miles de jóvenes. “Creíamos estar solos, pero somos más de 132”, concluye Rosas”.
Periódicos internacionales le prestan atención con más seriedad a este movimiento estudiantil que los medios en México, aquí aplica, “Nadie es profeta en su tierra”.
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Conformarse con mucho


