México, D.F.-
Su presencia apenas se notó. Una pequeña mancha se observó en la tribuna sur del estadio Azul. Cerca de 200 aficionados del Corinthians de Brasil se dieron cita en el inmueble y, aunque efusivamente apoyaron a su equipo, los gritos fueron opacados por los miles de seguidores de Cruz Azul que acudieron al coso de la colonia Nochebuena.
El esfuerzo de los hinchas del cuadro brasileño fue enorme, no sólo por el desgastante viaje de Sudamérica a la capital mexicana, también por el poco tiempo que tuvieron para dormir por llegar apenas horas antes del encuentro y, en cuanto terminó el mismo, la mayoría se hospedó cerca del aeropuerto para tomar el primer vuelo que los llevara de regreso a casa.
“Nadie nos apoya, sólo entre nosotros, a veces hasta nos endeudamos y pedimos prestado”, dijo Fabián, quien forma parte del pequeño grupo paulista. Ya recorrió casi todo Sudamérica y desearía conocer México, aunque el tiempo que permanecerá en el país es corto. “Quisiera escuchar mariachis”, apuntó entre risas.
Por algunos segundos interrumpió la entrevista. Y es que, a lo lejos, observó el camión que trasladó al equipo de Tite al inmueble. Intentó, con una carrera, acercarse, pero le fue imposible. La policía que resguardó a los aficionados le impidió abandonar el círculo en el que se encontraba, para evitar algún desmán con la porra local.
“Ni modo, ya no pude saludarlos. Desde que estaba pequeño le voy a Corinthians y siempre he estado con ellos. Me gustaría ir al Mundial de Clubes, pero está más lejos, ojalá algún día pueda, pero primero que ganen y después ya veo cómo le hago. Pediré otra vez prestado, pero no dejaré de estar con ellos”.
En el estadio, los alegres sonidos de los tambores y los cadenciosos bailes de los brasileños dieron un colorido toque al estadio Azul.

