Homenajean a García Lascuráin como el “Bibliofilo del año”

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México, D.F. / Diciembre 1.-
En la Feria Internacional del Libro se reconoció como “Bibliófilo del año” al piloto aviador y amante de los libros mexicano, Ángel García Lascuráin, quien fue el fundador de la Sociedad Mexicana de Bibliófilos.
Durante un homenaje celebrado en su honor, el presidente de la FIL, Raúl Padilla López, celebró a este “amante de los libros”, y afirmó que es un orgullo que “un promotor de la institucionalización y difusión de la bibliofilia acepte nuestro homenaje”.
García Lascuráin se mostró congratulado por el acontecimiento pues afirmó que “es algo increíble, porque conozco muy bien las dimensiones de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y realmente no me lo esperaba. Es algo muy agradable”.
Demostró en todo momento ese gran gusto por la lectura, confesando que los libros lo hacen volar.
“Sí, como no -dijo el bibliófilo-, en cuanto empiezo a leer está uno subiéndose al tema y en la descripción, sí, vuela uno”, y acotó que “si dejo de leer es porque ya me cansé o se acabó la lectura”, dejando más que claro su amor por los textos.
Para el bibliófilo mexicano esta aventura de la lectura es “una enfermedad incurable. Y lo es porque se entusiasma uno y se sigue y se sigue; el nombre de enfermedad viene porque la gente me dice que los deje, que me cure de eso de los libros, pero la verdad es que disfruto de esa enfermedad”, comentó.
Por lo que Raúl Padilla calificó a Lascuráin como una persona afortunada, “pues dos de sus pasiones: los aviones y los libros, han marcado su vida”.
Asimismo comentó que a lo largo de diez ediciones del Homenaje al Bibliófilo, se ha tenido la oportunidad de reconocer las trayectorias de connotadas personalidades de la cultura. Aunque en esta ocasión el homenajeado resultó un piloto aviador en sus inicios, aclara que el reconocimiento se ha caracterizado por ser algo más que una labor: “se trata de una verdadera pasión, un amor intenso por el libro, y García Lascuráin cumple con este requerimiento”.
Durante la ceremonia, el coordinador de Bibliotecas de la Universidad de Guadalajara, Sergio López Ruelas, tuvo la oportunidad de leer una carta de Ignacio García Lascuráin Bernstorff, nieto del homenajeado, quien reside en Alemania, en la que expresa su admiración y felicita a su abuelo y recuerda los viajes que emprendió al lado de él, a través de los libros siendo un niño.
“Cuántas veces no me subí a un paquebote para ir de La Habana a Veracruz, cuántos sustos no tuve en la diligencia de Cherbourg a París, cuánta alegría al ver Jerusalén y cuánta impresión al ver los pashas turcos entre sus trenes de criados en la Puerta de Damasco”, señaló en dicho escrito.
Tras la lectura de la carta, el público presente en el Auditorio “Juan Rulfo” de la FIL rindió un fuerte aplauso.
Sus pasiones
Una beca para convertirse en piloto aviador fue el hecho que lo obligaría a alejarse de las pistas como piloto de carreras, y lo elevó a los cielos para quedarse 37 años “volando”.
García Lascuráin recordó que su otra gran pasión, los libros, inició desde que era un niño, pues afirma que a partir de éstos comenzó a hacerse amigos de lectores.
“Nos compartimos los libros y de ahí en adelante sigue uno leyendo y leyendo; pero luego se da uno cuenta que hay cosas más interesantes que la fantasía, que es la historia, y comienza uno a leerla, y es así como transcurren los años y se van amontonando los libros y sigue uno en eso y en eso hasta la fecha”, comentó Lascuráin.
Su historia
Aviador desde 1959, fue comandante y asesor-instructor de los aviones DC-6, DC-9, DC-8 y DC-10, asimismo fungió como jefe de adiestramiento de pilotos y piloto presidencial.
Gracias a su último título logró volar aviones mexicanos a lugares que, naves comerciales nacionales, jamás habían podido concurrir, como Moscú, Siberia, Pekín, Shanghai, entre otros.
Igualmente fue miembro del Consejo de Administración de la empresa que se formó tras la quiebra de Aeronaves de México y formó parte de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores, Aspa de México.
Finalmente, en 1996 debido a su edad, su licencia de piloto aviador con capacidad de transporte público se venció, por lo que tuvo que retirarse.
Sin embargo su vida continuó con proyectos privados como la asociación “Alas de Plata” que se dedicó a la unión y protección de pilotos jubilados.
Sin dejar su amor por los libros se permitió conocer bibliotecas y librerías de varias partes del mundo, viajando con sus libros a todos lados. Por lo que decide fundar la Sociedad Mexicana de Bibliófilos de la que fue presidente durante tres años.
Guiado por su nuevo estilo de vida se dedicó a la difusión cultural por lo que se convierte en miembro del Instituto Toussaint, fundado con la intención de salvaguardar el arte sacro de México, y finalmente a presidir la Sociedad de Amigos de la Biblioteca Nacional.

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