Guadalajara, Jal. / Agosto 12.-
Dos remates de cabeza fueron suficientes para que el Inter de Porto Alegre se llevara una ventaja a Brasil (2-1), donde las Chivas buscarán la hazaña el miércoles en la final de la Copa Libertadores.
La misión luce casi imposible… Y el calvario de los equipos mexicanos en las idas de las finales en los torneos organizados por la Conmebol, eterno. De nueva cuenta no se hizo valer la localía.
El certero remate con la cabeza de Giuliano (73’) congeló a una afición que de por sí estaba preocupada, pese a que el Guadalajara tenía ventaja en el marcador. La anotación de Fabio (77’), aniquiló los sueños tapatíos.
Para proclamarse monarcas americanos, los rojiblancos tendrán que hacer una proeza en Porto Alegre.
El 1-0 era demasiado premio para unas Chivas que fallaron a la hora buena. Volvieron a ser frías y sin imaginación en “casa”, así, con comillas, porque el estadio Omnilife aún es territorio desconocido para el equipo dirigido por José Luis Real. Al igual que frente a la U. de Chile, el Rebaño lució inoperante fuera del estadio Jalisco. La añorada mudanza llegó en el momento menos oportuno.
Los brasileños se habían quejado del pasto sintético y ayer fue su mejor aliado. Dos entrenamientos les bastaron para adaptarse mejor que las Chivas, cuyos trazos nunca fueron exactos. Los del Inter sí, en especial los realizados por Andrés D’Alessandro. El genio argentino comprobó que el equipo gaucho juega entorno de él. Ordena, sirve balones, los roba, corre y pone goles. Un todo terreno con “GPS” integrado, el cual siempre le permite encontrar al compañero mejor ubicado sobre la cancha.
Taison y Kléber fueron sus principales objetivos, mientras la zaga mexicana sufría para controlar el veloz desenvolvimiento del rival.
Partido gris de las Chivas. Trabado en el mediocampo, porque así lo quiso el ríspido adversario sudamericano. Idóneo para que apareciera el hombre en el que Jorge Vergara tiene depositada toda su confianza… Y Adolfo Bautista respondió con aquel mágico cabezazo. Falsa ilusión. Cuando el Internacional dio forma al 1-2 final, centenares de aficionados abandonaron las cómodas, pero frías butacas de su moderno estadio.
El gol del Guadalajara se dio en su primer disparo a portería, justo en la última acción del primer tiempo. “El Bofo” sacó de la chistera uno de sus trucos y venció a Renán Soares, para delirio de un pueblo que todavía soñaba.
Lo hacía con lo mínimo, porque la labor de los volantes sudamericanos era la mejor arma de un equipo que nunca se desesperó. Xavier Báez y Édgar Mejía intentaron competir. Patricio Araujo entró para ayudarles. Esfuerzo estéril. La batalla en la trinchera fue ganada por el Inter desde el silbatazo inicial de Héctor Baldassi, cuya labor fue criticada por el público, pese a que sus decisiones no influyeron en el resultado.
La antipatía de Omar Arellano, sí. El chico volvió a perderse en un juego de alta exigencia. Su entrenador no lo utilizó en los dos más recientes cotejos con la esperanza de que llegara en inmejorables condiciones al choque más importante para el Guadalajara en los últimos años. Falló.
Marco Fabián y Omar Bravo estuvieron en el mismo tono. Bautista fue el único atacante que hizo algo diferente. El problema es que no regala demasiados chispazos por juego. Balance raquítico para un conjunto que anhela ser monarca del continente americano.
Los minutos finales fueron una triste estampa para el marco de una final libertadora. Sólo la mitad de las butacas fueron ocupadas y nada más se escucharon los cánticos de la “Legión 1908”. No había por qué hacerse más ilusiones.
Lo único rescatable para las Chivas es que los tantos marcados en condición de visitante no son criterio de desempate. Al igual que el Cruz Azul hace nueve años, los rojiblancos irán a Sudamérica con la obligación de ganar para mantener vivo el sueño, el cual, hoy más que nunca parece una simple utopía.
Se ve difícil para Chivas; pierde 2-1 con Inter


