¡Tan, Tan!

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Como todas las cosas ahora le toca a Pemex. Por años los empleados de la Paraestatal gozaron de canonjías y prebendas, el sindicato al principio moderado en sus “quitas” perdió el control de sus subordinados y de sus propios directivos, se vandalizó.

Sucede que creó sus estructuras de fuerza y no precisamente para ayudar a sus agremiados, sino para ayudarse y bien lo hizo, el problema fue cuando esas fuerzas otrora en la obscuridad, se quisieron adueñarse del poder y ahí fue donde la puerca torció el rabo.

Esto porque les intentaron arrebatar sus espacios a los políticos y estos a su vez a esquirolear al sindicato y el equilibrio se perdió.

Mientras el sindicato se dedicó a lo suyo, a sus agremiados y a recibir dineros de quienes eran “favorecidos con jugosos contratos” todo estuvo bien, pues cada quien estaba en su espacio sin lastimar a nadie, pero la codicia es inmunda e insana.

Y va de nuez, a romperse el alma por unos cuantos pesos más y a formar sus propias constructoras y a acaparar los mejores y fáciles contratos,
¿Qué necesidad había? Si todo estaba en su sitio, pero no salió el PRI, vino el PAN, estos resultaron más voraces que sus predecesores y el equilibrio se desintegro.

Me recuerdo hace muchísimos años el emblema de Pemex era un señor Patizambo, con las piernas combas por las que podía pasar una pelea de perro al caminar se balanceaba, pues por lo deforme de sus miembros inferiores -me refiero a las piernas – su paso no era todo lo ortodoxo y algunos amigos petroleros entre los que me contaba yo, que era transitorio.

Decían “hay nos vamos hasta que le enderecen las piernas al Charrito”, el supongo ya no existe, pero llegó el momento que le enderezarán las piernas al deforme emblema que allá por los setentas fue cambiado por el actual.

En la vida todo es transición y constantes cambios y eso es lo que está ocurriendo, cambios muchos cambios, con la intención solamente de hacer que México cambie de modo de actuar.

Se pretende controlar con la corrupción, contra la desigualdad y para colmo con la pobreza, fácil está el camino, lleno de callos que serán pisados para que el tren de “Mover a México” camine como una maquinita aceitada.

Esto no ha sido fácil y lo que resta del actual sexenio presidencial lo evidenciará, imagine usted los cambios en educación, en el sistema judicial, en el sistema legislativo, incluso en la forma de votar.

Habrá novedades tendientes, todas ellas a tener un voto real y no uno ficticio y sin valor. Sí, sin duda habrá muchos lastimados, pero después de esta crisis convulsiva, habrá la calma ansiada hasta el 18 cuando los nuevos caminos electorales de nuevo enciendan el país.

Sí, eso sucederá pero de ahí emergerá un nuevo y brillante México, próspero y competitivo.

Por lo pronto ahora empieza el cierre de lo que pudo haber sido y no fue una Industria realmente productiva, ¡pero nos la comimos todos!
Me refiero a la industria, Todos habremos dado Una mordidita chiquita, más no todos.

Tan- tan. Y con esto mi amor se termina y si tú lo determinas yo me llevo las gallinas y lo que quedó, ¡quedó!

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