México, D.F.-
Terapia intensiva de rehabilitación, valoraciones médicas sin cédula profesional, inanición, extorsiones monetarias y chantajes, son algunos padecimientos que alberga la población del país con dependencia al alcohol y las drogas, en los centros de rehabilitación, mejor conocidos como “anexos”.
A nivel nacional, de 2006 a 2012, el Centro Nacional para la Prevención y Control de las Adicciones (Cenadic) a través del Censo Nacional de Establecimientos Especializados en el Tratamiento de las Adicciones dio cuenta de la existencia de 560 establecimientos ambulatorios y mil 736 establecimientos residenciales para tratar con el problema de las adicciones.
Sin embargo, en el mismo Informe de Rendición de Cuentas de la Administración Pública Federal se requiere cumplir con la norma NOM-028-SSA2-2009 para obtener subsidios y hasta 2012, sólo 372 establecimientos cumplían con dicho requisito.
En el Distrito Federal, de 264 “grupos de ayuda mutua” ubicados en la demarcación, sólo 31 cumplen con la misma norma, en materia de atención y tratamiento de las adicciones, que establece las condiciones mínimas de seguridad e higiene para los involucrados.
La solicitud de información 0312300006914, que responde a lo solicitado por el gobierno capitalino, reveló que 21 establecimientos irregulares suspendieron operaciones por la intervención del Instituto para la Prevención y Atención de las Adicciones (IAPA), en la Ciudad de México, debido a las condiciones deplorables en que operaban y tenían a los internos.
De acuerdo con datos obtenidos por EL UNIVERSAL, cerca del 15% de los mexicanos abusa del alcohol y más de medio millón son atendidos en instituciones de salud pública por problemas de farmacodependencia. Sin embargo, se desconoce cuántas personas son atendidas en los centros de rehabilitación ajenos al gobierno federal.
María del Rocío Corona, diputada del Partido Revolucionario Institucional (PRI), refirió en un documento emitido el 11 de junio a la Secretaría de Salud que “la cifra no refleja la magnitud del problema porque únicamente considera a los que son atendidos, excluyendo a los que no reciben ese beneficio”.
La falta de atención de las autoridades por cubrir la demanda de este servicio y la escasa regulación de los “grupos de ayuda mutua”, permite que congregaciones residenciales como el Grupo 24 horas de Alcohólicos Anónimos y Terapia Intensiva, reciban a más de 10 mil personas al año, en diversos “anexos” distribuidos en el país.
De acuerdo con los representantes y miembros de la Junta de Consejo de la Oficina Central del Grupo 24 Horas, en los “anexos” (internados para la rehabilitación de las drogas y el alcohol), los pacientes no son humillados, torturados y no reciben ningún tipo de maltrato.
Contrario al argumento de los responsables de operar uno de los 384 anexos que existen México, EL UNIVERSAL identificó que hombres, mujeres, menores de edad y adultos, son sometidos a tratamientos inhumanos y privados de su libertad, por más de 720 horas.
Al no poder pagar un tratamiento de rehabilitación, las personas se acercan a estas agrupaciones, sin conocer el trato que les espera.
La Secretaría de Salud reconoció que 50% de los establecimientos que trabajan por cuenta propia en materia de atención a las adicciones, no están registrados.
La ilegalidad con la que operan implica el pago de cuotas, entrega de despensas, labores domésticas, castigos y abusos sexuales; de acuerdo con testimonios anónimos emitidos por víctimas de estos “grupos de ayuda mutua”.
Familiares de personas que son internadas en los “anexos” relatan que ante el deseo de que su familiar se recupere, pagan al “padrino” (responsable de la rehabilitación del interno) por retener al paciente durante 30 días o hasta por tres meses, y si es catalogado ingobernable (que no tiene control) se le sugiere trasladarlo a un grupo de mayor disciplina, también conocido como “fuera de serie”.
Desde febrero de este año, la Secretaría de Salud y la Cámara de Diputados acordaron, a través de un punto de acuerdo, “a emprender acciones coordinadas para reforzar el control y la supervisión de los establecimientos dedicados al tratamiento y la rehabilitación de personas con trastornos por abuso y dependencia al alcohol, y otros psicoactivos”. Además, consideró necesaria la creación de una Comisión Mixta Federal de supervisión y regulación que involucre la defensa de los derechos humanos y la protección de riesgos sanitarios en los pacientes que requieran este apoyo por parte del gobierno.
– Ayuda “gratuita”, llena de abusos
Llegó al anexo por su manera de beber, “me drogaba, me explotaba y en vez de querer curármela, vivía en la borrachera”. El joven asegura que fue privado de su libertad en cuatro ocasiones y en todas, fue sometido. Un grupo de personas entró a su casa por órdenes de su madre y a base de golpes lo subieron a una camioneta para encerrarlo a enfrentar sus adicciones.
“No importa que te resistas, tu familiar dice agárrenlo y te llevan. Te retienen por tres meses y si tu jefa no firma la salida, te dejan ahí guardado aunque no quieras. Están pésimos los lugares. En el famoso Tres Caminos, en el reloj de Santa María Aztahuacán, Iztapalapa. Éramos más de 80 personas, dormíamos de ladito. No cabíamos. Hasta para ir al baño había que aguantar”.
El adolescente comenta que la familia no se entera de nada. Lo aíslan por un mes y de acuerdo a su comportamiento le permiten la visita. Si a su llegada fue un “ingobernable” (que se resiste o no obedece) le informan que la rehabilitación será lenta. “Aquí te alinean a fuerza, en las juntas externas tus problemas como parte de la terapia, sacamos el resentimiento, la lujuria, si mataste o violaste. Te avientas la película que quieren escuchar”.
El joven comparte que no fue el único centro de internamiento en el que estuvo anexado, ingresó al anexo Factor 12, Primera Generación; Nueva Generación Factor III y Lenguaje del Corazón, donde asegura que no cumplen con el lineamiento de brindar un servicio gratuito, sólo por ayudar. Tampoco evitan tener adolescentes y no respetan a los internos. Afirma que si hay mujeres los responsables les dan su salida a cambio de un “acostón”.
“Dicen que no reciben menores de edad, ni dinero, pero es pura corrupción porque hay de todo, chavitos, tanto hombres como mujeres y las que salen pronto, se van premiadas. Los padrinos (tutores, guías, orientadores) viven de ahí, del pago de la rehabilitación, de las despensas semanales y de la ropa para el anexado”.
Manifiesta que si al enfermo le llevan un short, una playera o unas chanclas y al padrino le gusta, se lo queda bajo el argumento de que ahí van a valorar; no van a tener comodidades y conocerán la humildad. A causa del encierro y las condiciones del sitio, él y otros internos se amotinaron y escaparon en varias ocasiones. Afirma que si en el acto detenían alguno, le aplicaban castigos, lo dejaban sin comer y recibía mano firme.
“Según son de amor y comprensión pero sí hay maltrato físico y psicológico. Entre padrinos hay disturbios, el mío organizó la masiva (fuga) porque ya no aguantaba el abuso”, concluyó.
– “Valoras hasta un plato de sopa”
Como miembro del Grupo 24 Horas, el adolescente lleva cuatro años militando, fue interno, servidor (gestor de alimento) y padrino (orientador) en distintos albergues o “casas de ayuda”. Hoy comparte su experiencia sobre el funcionamiento y proceso de rehabilitación, en los anexos de Iztapalapa.
“Aquí los mismos compañeros valoran la condición en que viene el enfermo, están preparados para emergencias, atienden, e incluso reviven a la gente cuando le dan delirios. Si el doceavo (anexo de primer ingreso) convulsiona, se mete un zapato, chancla o tenis en la boca, le estiran pies y brazos sin dejar que se engarrote para evitar que muera y después le dan un pegue (alcohol) para estabilizarlo”.
Durante su estancia convivió con menores de edad, mujeres y adultos. “Cuando estuve éramos 50 personas, no era cómodo, pero en una agrupación se va a valorar: tu camita libre de chinches, las cobijas, una almohada. Ahí valoras hasta un plato de sopa”.
Explica que a un anexo se llega por voluntad propia o en contra, “anteriormente iban los padrinos a sacar al alcohólico o drogadicto de su casa, se lo traían a la fuerza o amarrado. Ahora ya no. La familia pide el apoyo de una patrulla y los oficiales son quienes los llevan a encerrar. Se les da para el refresco a los policías y listo”.
Cuando llega un paciente al grupo le quitan todo, cadenas, relojes, cinturones, objetos punzocortantes y sólo le permiten lo necesario para el aseo personal: dos mudas de ropa y un par de sandalias. “Es más difícil para el anexado correr con chanclas, se resbalan, se caen y rápido los alcanzas; por eso no se les permite tener zapatos dentro de la agrupación, para evitar que se fuguen”.
Asegura que ahí, en los anexos, está lo mejor de lo peor y si un interno quiere irse no se lo permiten, “es como estar en un reclusorio, cuando hay bronca interna los padrinos calman a los anexados, pero si insisten se les canaliza a otro grupo, donde sí hay disciplina, golpes físicos y son conocidos como fuera de serie o teraputiza”.
El “padrino” manifiesta que existen agrupaciones violentas que pertenecen al Grupo 24 Horas, “está el Zapata, Rebaño Sagrado, Génesis, Emperador en Chalco, Emperadores Xaltocán en Xochimilco donde reciben a los alcohólicos o drogadictos con agua helada, una madriza segura y los sientan en un polín durante horas hasta que se les forman llagas”.


