Hace 15 años, Julio Jasso Zermeño sufrió el más grande dolor en la vida de cualquier persona después de que un avión DC-9 50 toneladas de peso, arrollara su vivienda en la colonia Francisco Sarabia matando al instante a su esposa y tres de sus pequeños hijos. Los reportes de la época ayudan a recordar la peor tragedia aérea en la historia del municipio.
Reynosa, Tam.- El 6 de octubre del año 2000 es una fecha que sigue viva en la memoria de Reynosa, pues ese fue el día de la tragedia del vuelo 250 de Aeroméxico donde no sólo perdieron la vida una madre y sus tres pequeños hijos, sino que también dejó traumatizado a un padre que hoy, tras una parranda de 15 años, finalmente descansa con sus seres queridos.
Los reportes periodísticos de la época relatan que esa fatídica tarde, Reynosa era azotada por una severa tormenta que generó que a las 16:50 horas, un avión DC-9 con 82 ocupantes a bordo procedentes de la Ciudad de México, se saliera de la pista de aterrizaje.
Las primeras indagatorias señalaron que el piloto, identificado como Alejandro Corzo, cometió el error de descender la nave casi al final de la pista de mil 900 metros de longitud por 45 de anchura a una velocidad de 180 kilómetros por hora.
Esto generó que el tren de aterrizaje hiciera contacto sobre el pavimento mojado y aunque fueron accionados los frenos con las turbinas en reversa, el aparato siguió de frente, derrapando sobre terreno fangoso y destruyendo dos viviendas de la colonia Francisco Sarabia.
Entre las víctimas mortales del accidente se encontraban los ocupantes de la vivienda marcada con el 525 de la calle Lateral Rodhe, con calle Primera, quienes fueron identificados como Yolanda de los Santos de 40 años de edad y sus hijos Lupita, Antonio y Artemio Jasso de los Santos, de 5, 3 y 1 año respectivamente.
La mujer y los pequeños fueron levantados a pedazos del suelo, mientras en una casa vecina, que también fue dañada, el pequeño Jairo Cano, de 9 años, resultó con heridas en la cabeza y perdida parcial de la visión.
Julio Jasso Zermeño, esposo de Yolanda, llegó del trabajo a su casa minutos después del percance y salvó la vida solamente porque había salido de su hogar para recoger en la escuela a Julio César, otro de sus hijos, de seis años de edad.
Los reportes recuerdan que las víctimas fueron sepultadas las cuatro juntas, en una misma fosa del Panteón Español que fue adquirida con el apoyo de la compañía de aviación, que cubrió los gastos.
Después del funeral el padre de familia de oficio albañil, se perdió y hasta el lunes 9 por la noche nadie lo había encontrado.
Su cuñado Herasto de los Santos, dijo que luego de sepultar a su esposa y tres hijos, Julio se fue con dos amigos a ahogar sus penas con alcohol y la parranda le duró varios días.
El hermano de la esposa de Julio, dijo que los representantes legales de la empresa acordaron pagarle a su cuñado 300 mil pesos por cada uno de los cuerpos, además de otros 200 mil por la casa que quedó completamente destruída.
“Mi cuñado está deshecho y se fue a agarrar la tomada desde ayer. Andaba con dos cuates y ahora es fecha de que no aparece y lo necesitamos para que firme papeles importantes y que se haga cargo de la situación. Ya es rico, pero nada le hará remediar su pena… ni la mía”, dijo de los Santos.
Al mismo Herasto, cuya casa quedó deshecha por el paso del avión DC-9, Aeroméxico ofreció pagarle 120 mil pesos por daños materiales. Otra vecina de nombre San Juanita Villegas, recibiría 300 mil pesos por su vivienda que también quedó destruída y su hijo Jairo, de 9 años, también recibió atención médica completa de parte de la empresa en un hospital de la localidad, donde fue atendido de cortadas que sufrió en la cabeza al caerle encima una lámina.
“Yo le dije a Julio que lo acompañaba en su dolor, pero que no podía dejarse caer porque todavía le quedaban otros tres chamacos que dependían de él y que no era momento para doblarse. Por lo pronto, yo ya me llevé conmigo al más pequeño, Julito, al rancho El Porvenir, para que esté más tranquilo “, recordó Herasto.
Quince años después de la tragedia, Julio siguió en la parranda hasta que ayer su cuerpo no soportó más por lo que fin descansa a lado de su familia.







