Aunque suene ilógico y sumamente amoral, la globalización política nos permite entender que en la época actual, los grupos políticos están por encima de los propios partidos, y les resulta más provechoso y práctico alinear intereses sobre las ideologías.
No nos sorprende que triunfos ya “cantados” como el de Baja California, en donde el candidato tricolor aventajaba en todos lados, y en cuestión de minutos la “tendencia” se revirtió a favor del actual gobernador y candidato de la alianza PAN-PRD, con los resultados ya conocidos por todos.
El aliancista gobierna y el tricolor “perdedor” vive el premio de su “sacrificio” en un lujoso departamento en el exclusivo Barrio de La Recoleta, en Buenos Aires, como embajador de México en Argentina.
Fueron los primeros frutos para la Oposición del “Facto” Pacto por México.
Algo similar sucedió en Sinaloa, en donde el gobernador en turno, mismo que como otros, pensó tener la factura de la entidad a su nombre, por lo que buscó perpetuarse en el poder, imponiendo a su candidato, ocasionando que un popular e impetuoso priista, no tuviera de otra más que abandonar el tricolor y sumarse a una alianza PAN-PRD.
Todos sabemos que actualmente el gobernador de Sinaloa es Mario López Valdez, Malova, exsenador priísta y muy identificado con el actual líder nacional tricolor, el sonorense Manlio Fabio Beltrones.
Igual pasó en Nuevo León, donde la cerrazón del exgobernador Rodrigo Medina, orilló al actual gobernador Independiente, Jaime Rodríguez Calderón, a irse por la “libre” luego de militar en el PRI por 33 años.
Triste es confirmar que muchos políticos confunden una memoria corta con una conciencia limpia al creer que sus gobernados acatarán sus caprichos, en lugar de hacer de Pitágoras su más fiel y certero aliado.
Las matemáticas no mienten… menos fallan; nos lo gritaban nuestros maestros en educación secundaria y preparatoria y en muchos de los casos a reglazo puro y jalada de patillas, nos lo dejaban claro.
Matemáticas y Memoria, una ecuación perfecta en el quehacer político.
En las elecciones de 2004, el exgobernador Félix González Canto, obtuvo poco más de 133 mil votos contra los casi 113 mil de Juan Ignacio García Zalvidea “Chacho”, y los 73 mil 277 obtenidos por Addy Joaquín, en una elección con una participación del 58 por ciento del padrón.
Es decir, y si Pitágoras no miente, hace casi dos gobiernos que una alianza PAN-PRD, de haberse dado, hubieran logrado casi 186 mil votos, obvio sobra decir que el actual senador no hubiera sido gobernador de Quintana Roo.
Es obvio que el “hubiera” no existe, pero lo que si abunda es la cerrazón oficial y el hartazgo ciudadano en una época en la que ninguna elección es fácil y menos cuando a nivel nacional se realizarán comicios en 13 estados, para elegir 12 gobernadores, 388 diputaciones locales y 548 gobiernos municipales.
Vaya, en unos meses estarán en juego el equivalente al 36 por ciento del listado nacional de electores que generan un 28 por ciento del Producto Interno Bruto nacional.
Nadie puede negar que los resultados del primer domingo de junio próximo serán una especie de radiografía de lo que pueden esperar los partidos políticos en la elección presidencial del 2018.
Regresemos con Pitágoras y el “Paraíso Mexicano”, en las elecciones del 2010 para el Senado, la coalición PRI-Verde logró 207 mil 769 votos, en segundo sitio la alianza PRD-PT-MC con 187 mil 693 sufragios, mientras que el PAN obtuvo poco más de 104 mil.
En total, los partidos de oposición lograron más de 291 votos contra los 207 mil tricolores; ¿la unión hace la fuerza? ¿o la falta de ser incluyentes y saber hacer política de las nuevas camadas tricolores están cavando su propia tumba?
Es una realidad que la alianza formal entre PRD-PAN más los que se sumen al proyecto político de Carlos Joaquín González, representa un enemigo real y tangible, al menos en lo que a matemáticas puras se refiere.
Obvio es que en una pelea de campeonato, el retador tiene que noquear al campeón, como ya sucedió en Nuevo León, en donde el actual gobernador obtuvo más de un millón 150 mil votos, lo que parecía altamente improbable derrotar al PRI y al PAN en el Norte de México.
Aunque las estadísticas no mandan necesariamente en una elección, si son un parámetro a considerar y confirman la máxima y simple ecuación matemática; uno más uno son dos y uno menos uno es cero.
Menospreciar las alianzas electorales en el Siglo XXI, es tanto como negar que en Quintana Roo la “chiquillada” también suma, y más cuando las condiciones sociales, económicas y políticas lo permiten.
Mientras que el PRI de Quintana Roo es el último a nivel nacional en firmar el llamado “Pacto de Unidad” y aparecen junto al líder nacional un montón de suspirantes jurándose “amor eterno”, el ahora candidato de la Oposición se placea con los líderes de su ahora alianza.
Además, quien no acepte que en la “Política Global” y hoy más que nunca se aplica la máxima política muy práctica y usual en los “mentideros políticos” en la Ciudad de México. “Ganar Perdiendo”.
Lo reitero, el “hubiera” no existe, ¿pero qué tal si con la alianza formal de dos marcas políticas nacionales que han demostrado ser “fajadoras”, en junio próximo el “hubiera” sí exista?
En el entorno económico actual, al presidente Enrique Peña Nieto, no le afecta en lo más mínimo “venderse” ante los dueños del Mundo, como un demócrata modernizador, pensar lo contrario es seguir creyendo en Santa Claus.
¿Habrá alternancia aliancista en Quintana Roo?
Todo depende de la estrategia, la “madre” de todas las batallas…


