Toda la bola de paleros dicen que Egidio Torre Cantú es el médico sin título de galeno, por su gran apoyo a la salud pública en su sexenio; y que el doc “Normuerto” Treviño García Manzo, titular estatal de Salud, es el mismo Hipócrates revivido.
¡Mentira vil! Basta con enterarse de uno que otro caso de los miles, ¡sí, millares! de injusticias que tiene la medicina pública, tan sólo en una ciudad, la nuestra, para así desenmascarar al par de falsos “Ángeles de la Vida y del Bienestar Humano”.
La pobre gente de Nuevo Laredo, no nos dejará mentir, hay mujeres embarazadas que han perdido la vida o a su amado producto, por la negligencia desgraciada de los médicos locales, tanto en el Hospital Civil, mal rebautizado como “Hospital Materno-Infantil” o “Del Niño y de la Madre”, como en el nosocomio General.
Los galenos locales aducen que trabajan con las uñas, que no tienen plazas, falta personal, etcétera.
Aquí hemos dado cuenta de fallecimientos por falta de cesárea, porque se han pasado los tiempos de los partos, por carencia de ginecólogos, de pediatras, de neonatólogos, de puericultores y de enfermeras especializadas.
No hay personal en las tardes, noches y madrugadas, como si las creaturas tuvieran horario burocrático para nacer.
Carencia de quirófano, de equipo tecnológico, de material e instrumental y otras estupideces son las que dizque argumentan los médicos.
QUE SE SALGA SOLITO
Un ejemplo más de la criminal negligencia de la medicina pública de Tamaulipas, es el de la damita Alma Jacqueline Martínez, de 29 años, quien debió haberse aliviado hace una quincena (¡sssht! no hablen de “quincena” a los doctores del Hospital Civil o el General, porque rápido corren a formarse en la caja, reaccionan como el perrito en lo del Reflejo Condicionado de Pavlov).
A Jacqueline la regresaron a su chante dos veces en un término de 15 días, argumentando falta de médico y de material para la
cesárea.
Pero, realmente lo único que les falta, adolecen o de lo que carecen estos señores, es de progenitora, de valores, de ética, de principios y de calidad humana.
A la mujer ya la envíaban al General, ya la regresan al Civil y nadie la ayudaba.
EN SU SARCÓFAGO CN A/CA
A Norberto “El Conde Alucard” Treviño, dicen que no está atendiendo la Secretaría estatal de Salud, porque está muy malito ¡pero ni tanto! Pues no ha dejado de cobrar, ni se separa del cargo, dejando su chamba a otro que le preste toda la atención.
Y sí, realmente no le tenemos respeto alguno a ese señor, porque él no lo tiene con la gente más pobre de Tamaulipas.
Es cuestión de informarse y verán que en los 43 municipios hay unos casos atroces de negligencia médica, mas sin embargo él y su patrón “El Cara de Morsa Tabasqueña” andan buscando condecoraciones y reconocimientos como “Los Apóstoles de la Salud” y “Los Ángeles de la Medicina” (menos rudos que ellos eran el Ángel Blanco y el Doctor Wagner).
Aurelio Otero, suegro de la joven señora Jacqueline, dice una gran verdad, llena de amargura, impotencia, dolor y coraje: “Si tuviéramos dinero, no andaríamos pidiéndole nada a nadie”.
Norberto hoy debe estar internado en uno de los nosocomios privados más prestigiados y caros del país, sin duda, como tampoco nos cabe la menor sospecha, de que su compadre le ha de haber dicho: “No te preocupes, todo está cubierto, lo que haya que hacerte y si quieres te enviamos a Estados Unidos”.
Aunque huelga decir lo anterior, pues los funcionarios de primer nivel, el gabinete mayor, tienen garantizados los servicios médicos-hospitalarios de especialidades.
Allá Jacqueline Martínez y su bebé, que se las arreglen como puedan, quién les manda ser pobres, ¿verdad señor Gobernador, verdad señor Secretario de Salud?


