Monterrey, N.L.-
En el campo laboral, las mujeres han demostrado que no hay límites ni miedos que les impidan desarrollarse donde lo deseen y ejemplo de ello es Anna Laura Alejos Salas, quien hace tres años ingresó al Cuerpo de Bomberos de Nuevo León.
A pesar de haber vivido experiencias que pusieron en peligro su vida, sigue firme en su vocación de apoyar a la comunidad, motivada sobre todo por sus hijos, quienes la animaron a decidirse por ser bombero y es una de las dos mujeres que en la entidad ejercen esta profesión.
Con 40 años de vida, orgullosa madre de tres hijos y joven abuela, Anna Laura refirió que su carrera siempre ha estado ligada en ayudar a los demás.
“Estudié para ser técnico en urgencias médicas, soy paramédico, estuve en Protección Civil de Monterrey y ahí conocí lo que es esta labor de ayudar a la gente”, afirmó.
Abundó: “Pero sentí que necesitaba hacer algo más y de ahí me pasé a Bomberos de Nuevo León, donde recibí primero una capacitación y donde constantemente nos estamos actualizando en las diferentes áreas de ayuda”.
Sin embargo, aseguró que lo bueno está en calle, cuando se sale a brindar ayuda a la comunidad y a enfrentar situaciones que ponen en riesgo la vida.
Afirmó que a la hora de trabajar no pide ni tiene preferencias, pues hace las mismas labores que los demás tanto en el cuartel como en el trabajo de campo, toda vez que maneja la manguera, la pala, el hacha y se enfrenta a los incendios igual que sus compañeros.
La única consideración que se le ha dado, y no porque lo haya pedido, es al momento de usar las regaderas, pues mientras los hombres acostumbran bañarse varios o todos al mismo tiempo y hasta con la puerta abierta, a ella se le asignó una con cerradura.
Anna Laura agradeció que tampoco haya distinciones por ser mujer y madre y tenga que ausentarse por alguna enfermedad o situación familiar que se presente, porque en esos casos recibe el mismo trato que sus compañeros.
“A todos se nos trata igual; si tenemos alguna emergencia familiar estando de guardia, nos permiten salir, pero tenemos que justificar la ausencia por igual, no porque yo sea mujer y madre tengo favoritismo en eso”, comentó.
Recordó que la experiencia más fuerte a la que se ha enfrentado, fue en septiembre pasado cuando salieron a combatir un incendio en una aceitera, ubicada en el municipio de Escobedo, que alcanzó grandes dimensiones y dañó más de 20 viviendas y vehículos.
“De repente me vi envuelta en peligro y sola, no sé qué pasó, de repente me quedé sola. Vi mi vida pasar en un segundo, pensé en mis hijos, afortunadamente pude salir de ahí y superarlo”, relató.
Este suceso provocó que Anna Laura pasara varios días sin dormir, con miedo y pensando en lo que pudo haberle pasado a ella y a su familia, sin embargo, pudo superarlo y seguir firme en su convicción de ser bombero.
Como bombero, precisó, trabaja 48 horas seguidas y descansa 24, formando una gran familia con sus compañeros, con quienes trabaja, convive y comparte el dormitorio, pero asegura que siempre con el respeto y el apoyo que existe en una familia.
“No tengo miedo, mis hijos me piden que me cuide mucho, pero yo les digo que los accidentes pasan donde quiera y creo que todos tenemos un angelito que nos cuida, además de que los compañeros nos cuidamos entre todos”, dijo.





