La vida en los puentes

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¿Cuántas horas, convertidas en días, semanas, meses y años pasará el fronterizo local en los puentes internacionales, el cruzador asiduo, el de a diario o de casi toda la semana, por necesidades primarias de empleo o negocios?

Se estima en más de 35 mil los nacidos en Estados Unidos, que viven en Nuevo Laredo pero que todos los días, al menos cinco jornadas a la semana, trabajan en el lado texano o tienen intereses que insalvablemente los liga a tener que ir allá muy seguido.

A esos coterráneos, súmenle los que tienen negocio en una u otra ciudad, desde un micro puesto de tacos que va al menos dos veces por semana –su flujo monetario es lo que le permite- para surtirse de los insumos para su negocio gastronómico (comestibles y desechables); lo mismo que los empleados de agencias aduanales, bodegas, líneas de transporte (no todo esa fuerza laboral está inscrita al carril SENTRI).

Y cómo hacer a un lado a los más de 5 mil choferes de camiones de carga que también la pasan mal por partida doble con las autoridades aduaneras mexicanas y norteamericanas.

En fin, que el peatón, el viajero en coche, el trailero, ¡todos! todos los que vivimos en estas dos ciudades unidas por las necesidades mutuas, estamos atrapados en un embudo. Cuello de botella que cada día crece más, por infinidad de motivos, todos ellos incomprendidos o nada claros para el ya muy molesto usuario.

Por un lado el eterno emproblemado Puente del Comercio Mundial, jorobado por las autoridades federales de ambos lados del río Bravo o Grande, donde los empleados de gobierno -por lo que parece son rígidas órdenes superiores de ambos países-, a mañana, tarde y noche, la hacen canina, desquician al más paciente, todo es lentitud adrede, pasguatería a propósito, tortuguismo insultante y reverendas ganas de fregar al prójimo.

NO SE PUEDE CREER
Luego viene la increíble decisión de trabajar al mismo tiempo en obras de remodelación sobre las garitas norteamericanas de los puentes internacionales uno y dos, llamados oficialmente, “Puerta de las Américas” y “Juárez-Lincoln” (Lincoln-Juárez, para ellos).

Con mucha lógica y sentido común, la gente de ambas ciudades y visitantes del interior de México, se preguntan si era estrictamente necesario trabajar al alimony, en las dos garitas fronterizas norteamericanas.

Porque si antes, el cruzar por uno y otro puente era un tormento, un calvario y un suplicio para la gente, a pie o en carro, hoy con tales trabajos físicos en los puertos terrestres de Laredo, Texas, con los cierres de casetas para coches, con nula apertura de más andenes para peatones, y las trabas a los camiones de carga ni se digan, esto se antoja misteriosamente provocado, para desanimar al más plantado.

No abren con regularidad las emergentes casetas para peatones, que a veces colocan abajo del Puente Uno, en donde se revisan los coches o se estacionan los coches de los turistas para solicitar un permiso de internación (otro problema es esa revoltura de gente de diario y visitantes obteniendo permisos).

Y en el paso número dos, muchos de los 15 carriles de revisión y procesamiento migratorio de visitantes, permanecen cerrados, en el llamado “abanico” de la plancha, lo vemos todos los días.

Luego al salir de esas 15 casetas, además de los andenes que habiliten para el SENTRI, aquello se convierte en sólo dos carriles de desfogue, para sacar a los vehículos del puerto o garita norteamericana, hacia la avenida San Darío.

Otro problema es que en el paso “Solidaridad” de Colombia, Nuevo León, tampoco abren las casetas suficientes (tienen cuatro y un carril SENTRI que acaban de habilitar).

Eso también termina de molestar al usuario, pues nadie quiere viajar desde Nuevo Laredo, por 35 kilómetros de una peligrosísima carretera, llena de tracto camiones de carga a toda velocidad (hacia y desde los dos puentes de comercio), tapizada de baches y otros peligros físicos, así como de gente de mala entraña, viles salteadores de caminos.

Así que sortear todo eso para luego llegar al paso “Solidaridad” y toparse con filas de más de una hora de espera, porque solo hay un carril de vehículos abiertos, si que encabrita a cualquiera.

OLVIDEN UN PUENTE NUEVO
Hoy las autoridades en “El Gabacho” (como dice la raza), han dicho en voz bajita, que los trabajos en los puentes I y II, demorarán posiblemente más que un año y medio, (18 meses), la frase utilizada es “probablemente un poco más de tiempo”, la expresan como no queriendo soltarla, pero ya la hemos escuchados varias veces.

Esto que pasa en los puentes internacionales incluido el tráfico de Estados Unidos a México, no es cuestión de limitante de espacio para dar fluidez, es falta de disposición, es cosa humana, se puede dar agilidad en las instalaciones que se tienen, pero el procesamiento de personas y vehículos es muy lento, los gringos argumentan –y están en su derecho- que se debe a medidas de seguridad, para no permitir el paso de drogas, gente indocumentada y hasta posibles terroristas.

Así que ni creando un Puente 4/5, mejoraría el cruce, no si continúa imperando esa actitud de extrema seguridad, pero insistimos, ellos están en su derecho de proteger su frontera.

Y dicho sea de paso, ahora que tocamos lo de un futuro paso entre ambos Laredos, con estas obras de ampliación y modernización de los puentes uno y dos, creemos que los norteamericanos, ahora más que nunca, considerarán innecesario crear un nuevo puerto fronterizo.

Si siempre han antepuesto que en el paso “Solidaridad”, frontera de Laredo, Texas con Colombia, Nuevo León, no está aprovechado ni a la mitad de su capacidad, pues ahora con la ampliación de los dos puentes más antiguos, tendríamos que olvidarnos de un posible nuevo cruce, así que ni en un lustro, ni en una década.

Así que armémonos de paciencia, parece que no hay de otra o bien, ¡desistir de cruzar!

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