En lo personal no creía que después de la derrota del PRI en las elecciones del 5 de junio pasado, donde el PAN ganó 7 gubernaturas como Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo y Tamaulipas, el ganador de la jornada había sido Andrés Manuel López Obrador.
¿Por qué AMLO y su partido Morena que tuvo un porcentaje de votación importante, sobre todo en Veracruz, aún perdiendo habían ganado?, me preguntaba escéptico.
La respuesta la obtuve dos meses después cuando Hora Cero Encuestas hizo un trabajo de opinión pública en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, rumbo a las elecciones presidenciales de 2018, con un dato muy revelador parecido a Nuevo León en 2015.
Entre los precandidatos de los diferentes partidos, López Obrador tuvo las preferencias de más del 50 por ciento de los encuestados, igual que Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, que ni juntando todos los votos de sus adversarios podía perder.
Enrique Peña Nieto es toda una decepción como presidente de México por la casa blanca, los 43 normalistas asesinados, por la inseguridad generalizada en el país y por la devaluación del dólar, y eso abona a la causa de López Obrador.
Guste o no, en su campaña interminable a través de los spots de Morena, el tabasqueño tenía razón de que México estaría peor con Peña Nieto.
¿Pero el PAN con sus gubernaturas no tiene posibilidades de regresar al poder?, me cuestiono.
Claro que sí. Y el principal contendiente no será el candidato del PRI sino AMLO. Con Peña Nieto en caída libre, pocos apostarían a que sea quien sea, Aurelio Nuño, Manlio Fabio Beltrones o José Antonio Meade, sacarán al buey de la barranca, porque la res tricolor ya se desangraba en el rastro desde comienzos del sexenio.


