Así fue la balacera en el Colegio Americano del Noreste

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Monterrey, N.L.-
Todo fue tan rápido que ni parece real. Apenas fueron 36 segundos. La balacera en el salón del Colegio Americano del Noreste, donde un alumno de 15 años de edad identificado como Federico (hoy occiso) disparó en contra de su maestra y sus compañeros, es uno de los hechos que más han conmovido a la sociedad mexicana.

Eran las 7:50 horas. Distribuidos en cuatro grupos de mesas color blanco, cerca de 20 alumnos del tercer grado de secundaria a cargo de la maestra Cecilia Cristina Solís entregaban sus tareas.

En un rincón a lado de la puerta del salón Federico permanece sentado. Su compañero de clase Manuel, quien viste los pants color azul marino del colegio se acerca, le dice algo y luego se dirige a la puerta como si fuera a salir pero no lo hace, en cambio camina unos pasos y se ubica al detrás de unos chicos que trabajan en un área al frente del salón, a un lado del pintarrón color blanco.

De esa mesa otro adolescente se levanta y se acerca a Federico, quien permanece sentado. Parece decirle algo y luego, al darse cuenta que tiene a la maestra frente a él, le pide permiso para salir del salón señalándole la puerta.

Federico observa a su compañero y de entre sus ropas saca una pistola escuadra calibre .22 pavonada. Sin dudar levanta el arma y dispara una vez en contra de Luis Fernando, quien está sentado frente a él a un metro de distancia.

Herido en la cabeza, el chico de 15 años se desploma por su lado derecho. Federico se pone de pie y dispara en contra de su profesora quien cae inconsciente sobre una de sus alumnas. La mujer nunca vio el momento en que su alumno accionó el arma en su contra.

El joven agresor voltea al frente del salón y acciona la escuadra una vez para luego girar y hacer otra detonación al lado contrario sin impactar a nadie. Con una pasmosa seguridad se acerca a una niña y un niño quienes permanecen inmóviles y sentados frente a él.

Sin apuntar detona el arma en dos ocasiones, haciendo blanco en la cabeza de Ana Cecilia, la niña de pelo largo y moño blanco quien, increíblemente, permanece consciente y habla con el compañero que tiene a su lado, a quien Federico también le disparó sin darle.

El joven homicida se voltea de nuevo y detona su arma con dirección a Manuel, quien en ese momento estaba parado a unos centímetros de la puerta del salón. Le da en el brazo.

Para entonces Federico luce confundido y desesperado. Apunta la escuadra a su cabeza y jala el gatillo, pero la bala no da en el blanco e impacta el techo del salón.

Vuelve a levantar el arma apuntando a su cabeza pero nada sucede, pues se ha quedado sin municiones.

Rápidamente Federico se dirige a su pupitre, saca el cargador de la .22 y busca en su mochila otro abastecedor lleno. Mientras lo coloca en la recámara, Manuel permanece parado frente al joven pistolero, observando cómo intenta suicidarse.

Visiblemente perturbado Manuel se abraza a sí mismo, camina unos pasos y se sienta recargando su espalda en una columna. Mientras tanto Federico está terminado de colocar el cargador en el arma. Tras intercambiar unas palabras con el joven pistolero, Manuel es el primero que abandona el salón corriendo.

Federico le ordena a sus compañeros que se vayan, mete el arma en su boca y acciona el gatillo. Tras el disparo su cuerpo se desploma descompuesto sobre el pupitre, un charco de sangre comienza a formarse en el piso de color blanco.

Para entonces todos los alumnos salen atropelladamente del salón y algunos se tropiezan con el cuerpo ensangrentado de Federico, quien cayó bloqueando la salida.

Todo termina.

Apenas ha transcurrido 36 segundos.

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