Sólo rezar…

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Ayer por la tarde acompañé a una persona a la Unidad Especializada en Robos del Ministerio Público, iba estupefacta, con mirada en la nada, no podía creer la simpleza con que le despojaron de su vehículo los maleantes, aunque “amables” -me dijo-, porque le prometieron dejarlo en la vía púiblica en uno o dos días “ahorita la necesitamos para un jale”.

No tengo ni una aproximación de cuántas personas vivieron esa experiencia la noche del martes y la mañana tarde del miércoles, pero en la Agencia el personal comentaba que ya llevaban registradas 18 denuncias que por cierto se portaron muy solidarios con el denunciante.

Advertí un personal presto a auxiliarlo, lo mismo al tomarle la declaración que recomendándole los siguientes trámites para redondear su denuncia, incluso un policía ministerial le dió una palmada en el hombro como diciéndole “te tocó la de malas pero aquí estamos”, y huelga decirles que el ofendido al salir del Ministerio Público tenía otro talante.

Nos despedimos siendo ya casi las nueve de la noche y en el trayecto a mí domicilio recibo una llamada de mi esposa y la tranquilizo con un “ya voy en camino”, mientras que yo me inquieto porque veo calles desérticas, negocios cerrados incluso una popular taquería ubicada por la Avenida del Maestro, el miedo en toda su expresión, derivado de las balaceras de la noche anterior y los mensajes por las redes sociales de que el miércoles se pondrían igual o peor las cosas.

En síntesis: vivimos en la zozobra unos, y en la amarga experiencia otros de haber sido víctimas de la violencia, fue de tal forma que no obstante que no es novedad ni los balazos y menos los asaltos, aún así nunca había visto ni sentido a Reynosa tan humillada y tan impotente, me resisto a creer que ya solo rezar nos queda. Cuídense.

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