El tiro de gracia que tapa bocas

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Con cero dudas reconozco que las Fuerzas Armadas de México, que antes estaban solamente para proteger a la población en casos de desastres, son las únicas confiables para combatir al crimen organizado, sin olvidar deserciones de activos que cambiaron su cachucha y se fueron de ese lado como pasó con los fundadores del grupo de la última letra del abecedario.

Sin embargo, y Google no miente, también han cometido errores o excesos como haber rafagueado a civiles inocentes causando muertes y heridos, contagiados por esa adrenalina que provoca el defender su vida y ver a todos con cara de malos.

Varios de esos hechos han sucedido en Tamaulipas y Nuevo León, donde militares, marinos o federales accionaron sus armas de grueso calibre contra personas inocentes o, bien, sembraron evidencias como pasó con un profesionista y dos estudiantes del Tec de Monterrey, en hechos que causaron indignación entre la sociedad civil.

En agosto de 2011 una doctora de nombre Libia Inés Vargas Garay conducía su camioneta rumbo a su domicilio cuando, sobre la carretera a Nuevo Laredo, cuando un grupo de soldados accionó sus poderosas armas hiriéndola de gravedad al destrozarle órganos… y de milagro sobrevivió.

Con el paso de los días y las semanas, internada en el hospital y convaleciendo en su residencia, enviados del Ejército Mexicano trataron de remediar ese exceso de los soldados involucrados, pero ante lo artero del ataque las negociaciones y la oferta para reparar el daño no prosperaban. ¿En qué terminó ese asunto? Lo desconozco.

Por eso cuando hace meses Andrés Manuel López Obrador puso el dedo en la llaga de los excesos de las Fuerzas Armadas contra inocentes, no estaba echando mentiras.

Y si alguien tiene dudas que le pregunten a la doctora Libia y a decenas, cientos o miles de inocentes mexicanos que han sido heridos, muertos, desaparecidos o confundidos con maleantes.

El video dado a conocer ayer sobre un civil ejecutado con el tiro de gracia en Palmarito, Nayarit, le da la razón a AMLO, no en parte, sino en mucha o toda.

Huachicolero o no, el civil que recibió un impacto de bala en la cabeza por militar fue grabado en flagrancia por el sistema de seguridad en video de una residencia, cuyos dueños lo filtraron al periódico Cambio.

Fue tanto el exceso que la misma milicia, al ver que una cámara estaba dirigida hacia los soldados que previamente fueron atacados, la destruyeron para borrar -en vano- la evidencia.

Es jueves 11 de mayo y me levanté leyendo columnas y viendo noticieros. Quería confirmar que Enrique Peña Nieto y Miguel Angel Osorio Chong, el presidenciable secretario de Gobernación, reaccionarían cuestionado el exceso de las Fuerzas Armadas que tanto defendieron tras las declaraciones de AMLO en Nueva York.

Como tampoco el proselitismo periodístico de conocidos columnistas nacionales que arremetieron contra el líder de MORENA, esta vez hicieron “mutis”. Claro, jamás iban a darle la razón al aspirante presidencial a quienes casi quemaban con leña verde, a cuota desde Los Pinos.

Y como empecé esta columna, reitero que reconozco la lucha que en las calles, por aire y tierra hacen soldados, marinos y federales contra el crimen, como también los adversarios de AMLO deben reconocer que el aspirante tiene razón en sus dichos:
les guste o no.

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