Una hora y media en pasar un camión de la ruta Palmares, esperar bajo el solazo en canícula, eso es infernal, pero más desgraciado es que la méndiga unidad no se pare, y no se detiene porque va hasta las manitas, lleno total.
Ahora a esperar otros 60 a 90 minutos, mientras tanto, a poner cara de suma necesidad para que un automovilista se detenga y se acomida de tanta gente a la orilla de la carretera Nacional y les dé un “raid”.
Ya van tarde al trabajo (o a la escuela según sea el caso), pero eso no le importa a nadie más que a ellos, además de que el patrón o el maestro, no los bajará de flojonazos e irresponsables.
Ironías de la vida, si vives en “El Triunfo” estás frito, porque esa colonia con nombre ahora sí que bastante burlón e insultante, queda en el mismísimo infierno, al fondo de la carretera, en el kilómetro 18.
Estamos ante un problema diario grave para la gente humilde, para más de 60 mil nuevolaredenses, hablamos del transportarse público, el moverse adentro de su ciudad, con menos de 350 camiones en servicio.
Es un calvario, un sufrimiento de todos los días, los siete de la semana, de ida y de vuelta, sin falta, todo porque no hay un transporte urbano decente, regular, mínimamente indispensable, pues el que se tiene, deja mucho que desear.
Los gobiernos locales, uno tras otro, no se han preocupado por algo de suma importancia, el medio de transporte para la masa, soporte de la economía de nuestra gente, de cada familia; la clase trabajadora demanda un sistema de traslado que los lleve y traiga, millares de nuevolaredenses sufren por algo que no debería ser. Gente tan humilde que ni para un carro “chueco” de esos de 400 dólares, tienen, ellos no pueden soñar en una garraleta de “úsese y tírese”, no como la “gozan” otros más privilegiados.
Y en Nuevo Laredo no se ve cómo se salga de esto, no hay voluntad, ni autoridad del ayuntamiento, para exigir al Estado ni al permisionario la mejora tan necesaria; el funcionario se ocupa de otras cosas, el transporte urbano no le inquieta, nunca será su preocupación mejorarlo, no lo ha sido de ninguno de ellos en el pasado, no es su “dolor de cabeza”, nunca lo será.
Viajar en un camión urbano al sur de la ciudad -como hacerlo al lejano poniente, pero esa es otra historia-, sí que es una gran experiencia, eso para quien no lo hace a diario por obligación.
No es ninguna gracia ni ninguna “aventurita” para quien habita en Valles Elizondo, Valle Dorado, Itavu, Palmares, San Agustín, Las Piedritas, El Caporal, El Capulín, las Granjas América de la 1 a la 12, ni Granjas Regina, ni Granjas Económicas 1 y 2, Granjas Guzmán, Enrique Cárdenas, Santa Cecilia, Valles del Paraíso, Palmares y… y El Triunfo, el bendito triunfo es llegar hasta allá.
PATRONES, ACOMÍDANSE
Muchas horas de su día y de su vida, dejan las familias en trasladarse, en transportarse, pero eso nadie entiende, ni el patrón, ni el jefe inmediato en la tienda, ni la señora de la boutique que les paga a las muchachitas 700 pesos semanales -sin incluir el pago del transporte-, ellos no saben de camiones, ni de cosas “tan sencillas” como es el traslado de un ser humano.
“¿Le llaman problema al moverse? Sólo son ganas de excusarse, pretextos de gente floja que ni ganarse el pan quieren, no los conocería yo”, diría cualquier sanababiche jefe o empleador.
Nuestra gente no tiene la piel curtida de oquis, lo suyo no son prolongadas sesiones o estadías en camas de bronceado, ni recién acaban de llegar de Cancún o de la Isla del Padre, los rayos ultravioleta se ensañan a diario con ellos, mínimo dos horas, una de ida y otra de vuelta, eso ¡si bien las va!
Gente en indefensión, impotente, desesperada, iracunda, sufre, suda copiosamente y maldice, todo se conjuga ahí, vemos a una joven señora con su niño, no lo puede cargar, además trae dos bolsitas con poquito de mandado.
Un episodio más de injusticia, del pago que hay que sufrir por no tener los medios económicos. A la señora se le van sumando más personas, parados a la vera del camino, trabajadores, damitas cuyas camisas tipo polo (telas ya muy gastadas), traen un parche o logotipo, trabajan en una tienda de conveniencia, la otra en un gran almacén y aquel muchacho en una de telefonía móvil.
¿Y EN INVIERNO?
Esto es el infierno en la tierra, son 45 grados a la sombra, pero ni sombra donde protegerse hay, entre los kilómetros 14 y 15 de la carretera Nacional, ya nos queremos bajar, el camión va muy lleno, pero nos falta para El Triunfo y luego todo el viaje de regreso. Es sofocante, sinceramente nos falta oxígeno.
Adentro de las colonias, los choferes transitan por brechas, toman caminos de terracería, hay que recuperar un poco de tiempo, según le comenta al chalán que va tapando el sensor que registra el ascenso y descenso de pasaje. Los pasajeros varones, cuidándose los genitales, entre tanto tumbo, las señoras agarrándole la cabeza a los chamacos que van parados, no se vayan a golpear con los tubos de los asientos.
No, esta vez tampoco llegará hasta el fondo de la colonia, pues todavía tiene que ir a la otra, la gente grita al conductor por tal desviación que les ocasionará tener que caminar otro medio kilómetro más en el día, de por sí vienen bien cansado de una jornada de chamba. Y esto es en calor. En invierno y/o con lluvia, aquello está igual o peor de crítico.
Ni esperanza de que la otra semana vayamos a Villas de San Miguel y El Campanario, tal y como lo teníamos pensado, pero ni falta que hace.


