En México, hasta la Iglesia miente por una foto

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En 1996, cuando se instauró el horario de verano en México, coincidió la fecha con el llamado Domingo de Ramos, celebración de la grey Católica con la que se da inicio a la llamada Semana Santa.

Siendo reportero de El Diario de Monterrey, hoy Milenio Diario, me correspondía la cobertura de las actividades dominicales del entonces arzobispo Adolfo Suárez Rivera, quien cada domingo oficiaba misa en la Catedral de Monterrey y al finalizar ofrecía una rueda de prensa para diversos medios de comunicación.

En esa jornada había dos notas por cubrir: la celebración y ceremonia religiosa, y las declaraciones del jerarca Católico quien vertía opiniones tanto de temas políticos como sociales.

Al terminar la rueda de prensa de ese día, Suárez Rivera y los integrantes de su comitiva cambiaron sus trajes ceremoniales por sacos y alzacuellos, y cuando se disponían a retirarse fueron interceptados casi al abordar sus automóviles por una reportera de El Norte de Cultura (cuando así se llamaba esa sección), quien con voz histérica les preguntó “¿Ya acabo la misa?”.

La respuesta afirmativa de los clérigos detonó el llanto de la periodista, quien entre sollozos y balbuceos atinaba a decir, entre cosas, que la iban a correr del periódico, que se le había atrasado el reloj despertador, que no se había dado cuenta del cambio de horario de verano, y otras frases incoherentes e inconexas.

La escena era surrealista: una mujer con cámara fotográfica al cuello, lloraba frente a media docena de sacerdotes, mientras otra media docena de reporteros, fotógrafos y camarógrafos de televisión veíamos el desarrollo del drama periodístico que afrontaba una compañera del gremio. Mientras a los alrededores, decenas de feligreses se acercaban al compacto grupo intrigados y curiosos por el llanto y los gritos, sin saber que los motivaba.

Perplejo y preocupado, el arzobispo Suárez le atinó a preguntar a la reportera “¿Qué quieres que haga?”, como una forma de disminuir su llanto. Como naufraga en altamar que ve una tabla salvadora, la mujer le soltó a bocajarro su petición: “Nada más déjeme tomar una foto como si estuviera en misa”.

Raudos y prestos, como si fueran a cumplir la voluntad del desahuciado, los clérigos regresaron presurosos al interior de las oficinas del arzobispado y en unos cuantos minutos se enfundaron en sus trajes ceremoniales y regresaron al altar de la Catedral, donde iniciaron, para beneplácito de los feligreses, una breve misa con todo y agua bendita, oraciones y alabanzas, mientras la reportera de El Norte se daba vuelo tomando fotografías a diestra y siniestra, y con una sonrisa de satisfacción profesional por el trabajo cumplido.

En su edición del lunes, las imágenes del montaje teatral de la misa católica salieron con el crédito de “exclusivas” en la sección cultural de El Norte.

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