Ternurita

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Todo lo que pasa en los procesos electorales y la actuación de los ganadores cuando asumen sus cargos ya está escrito, desde hace decenios la historia de la humanidad ha mostrado que no hay nada nuevo bajo el sol y lo que se promete en campaña, en la campaña se queda.

Por eso provoca cierta ternura ver y leer todo lo que se dice durante los recorridos de recolección de votos y el efecto que tienen los mensajes de los políticos en la gente.

De manera ingenua, porque “la esperanza muere al último”, dice la máxima popular, asistimos al mismo rito de creer que ahora sí las cosas cambiarán para bien de quienes tienen vedado el desarrollo y el bienestar desde hace varias generaciones.

Los tamaulipecos no tenemos que echar la memoria muchos años atrás para darnos cuenta que no hay que creer a quienes vengan a prometer cambios.

En el 2016 hubo cambio de estafeta en el gobierno estatal, la experiencia en año y medio de administración blanquiazul confirma lo que ya sabemos: cambiar, lo que se dice cambiar, es un concepto que amerita un análisis profundo.

Se puede cambiar y que en el fondo las cosas sigan igual o cambiar para que estén peor que antes, lo dijo Tomasi di Lampedusa en su obra Gatopardo publicada hace 60 años.

Lo vivimos con las administraciones federales panistas en el 2000 y en el 2006, el gobierno de Felipe Calderón lo más recordado que nos dejó fue el baño de sangre que seguimos registrando a casi seis años que dejó el poder, ahora sí en la mayor parte del territorio nacional. Pero de cambio real de bienestar para las y los ciudadanos, nada.

Lo estamos viviendo con la administración estatal panista que el único cambio que ha hecho en lo que se refiere por ejemplo, a la capital del estado, es haber despedido a miles de personas de sus empleos, ¿pero cambiar?, cambiar para bien, eso sigue siendo promesa incumplida.

La administración del priista Egidio Torre dejó a Tamaulipas en estado deplorable, y seguimos en la misma situación, agravada por la ausencia de vigilancia federal.

Por eso cuando escucho los mensajes de campaña de quienes aspiran a vivir del erario crece la certeza de su escaso compromiso en lograr un verdadero cambio para bien de las personas.

Ahora se afirma que quieren darle la oportunidad a Morena para que gobierne el país, cuando se emita el voto habría que recordar qué cambios reales nos dejó la alternancia priista-panista-priista y veremos que estructuralmente seguimos en la misma situación.

¿No será que los votantes nos estamos equivocando?

Y que al final lo que hará el cambio es el que generen las y los ciudadanos, más que un grupo de gente que ya sentados en sus sillas, se olvidan de quienes los llevamos ahí.

ESCUDO HUMANO

Se habla de que Andrés Manuel López Obrador se hace acompañar de cinco mujeres cuando llega a los eventos multitudinarios, ellas se convierten en una especie de escudo amable que le protege en sus andanzas por el país, pero parece que el aspirante presidencial no pudo ser el escudo que requería Carlos Canturosas para ser ungido candidato a la alcaldía de Nuevo Laredo, dejar a su elección tomar o no el ofrecimiento de Morena hace pensar que ya se hizo de agua su postulación, con la incertidumbre de quien lo sustituirá.

Y la familia de Nuevo Laredo que había sido criminalizada por la Marina de servir de escudo humano para proteger a los presuntos delincuentes, tuvo que ser desagraviada. Siguen los errores mortales y cayendo inocentes. ¿Cuántos más hacen falta para parar esta guerra?

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