En Nuevo León hay una red de periodistas del noreste (que no merece escribirlo en mayúsculas), integrada por algunos que se sienten como los evangelizadores cuando llegaron a la Nueva España para enseñarles el castellano y la religión católica a los indígenas. Vaya, para que supieran que había un mundo diferente al suyo cruzando el Atlántico.
¿Pero a qué me refiero con ello?, se preguntarán. Pues resulta que el jueves 4 de octubre, en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL una panelista se echó la puntada de que la susodicha red había ido a Tamaulipas a “profesionalizar” a los reporteros en cómo cubrir hechos relacionados con el crimen organizado.
Por respeto al género y porque no quiero que me acusen de misógino, no escribiré sus nombres, pero es absolutamente una tontería y una barbaridad cuando jamás, ninguno de ellos, ha estado en Tamaulipas -ya no digo una semana, sino horas- reporteando a diario la nota policiaca.
Bueno sí, quiero corregir, alguna vez fueron de pisa y corre de Monterrey a municipios como Miguel Alemán y Ciudad Mier de encubiertos, disque para hacer reportajes sobre la difícil situación que allá padecen a diario no solamente los reporteros, sino la población en general.
La última vez que un reportero de Nuevo León fue a cubrir a Reynosa un hecho, fue en marzo de 2010 y por poco lo matan (Raymundo Pérez Arellano), porque cometió el peor de los errores junto a su camarógrafo de Milenio: grabar un convoy de camionetas del grupo del crimen organizado que domina la plaza.
Desde esa ocasión, cuando se dio a conocer la noticia -¡y sucedió hace ocho años y medio!-, medios como Multimedios, Televisa, TV Azteca y El Norte prefirieron usar a sus corresponsales antes de mandar enviados al Estado y la ciudad más peligrosos para ejercer el periodismo en México, según organismos internacionales.
Y si se trata de enseñar y “profesionalizar” a los integrantes de la red de periodistas del noreste (de nuevo en minúsculas) sobre cómo sobrevivir en esas circunstancias, son los reporteros de Reynosa, Matamoros, Miguel Alemán y Nuevo Laredo, entre otros, quienes deberían de tener de alumnos a los de Nuevo León.
¿Qué saben los que reportean desde la comodidad de una oficina, una casa o de un café en Monterrey lo que padece el gremio en Tamaulipas, si jamás han realizado su trabajo con una cámara en sus manos y un gafete de periodista que de nada sirve para salvar su vida?
¿Qué sabe la red de periodistas del noreste (siempre en minúsculas) de que te pongan una ametralladora en la cabeza, con la cabeza vendada y escuchando pronunciar el nombre de tus familiares, si sus sesudos reportes y comentarios es puro rollo para justificar trabajo ante sus patrocinadores?
Si tienen muchas ganas de conocer la realidad por primera vez de cómo se saca la chamba en Tamaulipas, habrá muchos colegas que con gusto podemos ofrecerles hospedaje y darles unos dos o tres nombres para que escriban sobre esos personajes en sus blogs -ni siquiera en sus medios- y, si Dios es grande, mínimo regresarán a Monterrey con el trasero de mandril.
No se vale decir estupideces en un panel ante estudiantes de periodismo de la UANL de que la mentada red fue a Tamaulipas a “profesionalizar” sus coberturas. Vayan a sentir lo que Pérez Arellano y su camarógrafo cuando, por una error de novatos en ese territorio, seguramente imploraron por su vida.
O cuando dos reporteros de Hora Cero, Pedro Ortiz y Francisco Gea, fueron secuestrados unas horas hace dos años por acercarse demasiado a donde no debían en un barrio de Reynosa, con la impotencia de no denunciar el hecho ante organismos internacionales y, menos, a las fuerzas federales porque “la plaza no se calienta”, es la orden.
¿Qué sabe la red de que en Tamaulipas a un reportero lo matan por publicar contra un grupo, y también te matan porque no publicaste lo que te había ordenado el otro grupo?
¿Qué sabe la dichosa red de que los corresponsales de prestigiados medios internacionales, entre ellos Tracy Wilkinson de Los Angeles Times, fueron a Reynosa varias veces de encubiertos, porque sus empresas les permiten ir a cualquier Estado de México, menos a Tamaulipas?
Mi molestia expresada en este panel lo publiqué en mis redes sociales y agradezco la solidaridad externada públicamente por colegas, y otros en privado. Y sin su permiso agregaré algunos comentarios en este espacio:
Con mucho gusto los recibimos en Reynosa. Por favor vengan y enséñenos a hacer periodismo profesional de alto riesgo, y como única condición: traigan a sus familias consigo y radiquen aquí, y luego nos escriben su experiencia… (Silvia Aguilera, reportera de Reynosa).
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No sé quién lo haya dicho, pero es evidente que no conocen la realidad que aquí se vive. Tal vez ellos/as no han perdido colegas, amigos, familia y no han sido amenazados como lo ha hecho el crimen organizado con muchos de los periodistas que radicamos en Tamaulipas. Los invitamos a radicar una corta temporada por acá. (Erandi Márquez, reportera de Matamoros).
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Tengo casi 15 años trabajando en la frontera tamaulipeca, y casi dos años estuve escoltando y no he visto a ninguno de esa organización de periodistas del noreste. Se me hace que reportean desde sus casas allá en Monterrey. Vengan un día de estos a Reynosa y bajando en la central de autobuses sentirán el miedo y se regresarán, por favor no me hagan reír. (Agustín Lozano, subdirector de Hora Cero).
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Es gente que en realidad no sabe ni lo más mínimo lo que es cubrir nota roja y mucho más relacionado con esos temas. En verdad el peligro es mucho, creen que es ir a levantar datos y ya, cuando lo real es lidiar a veces con cada persona. El día que esas personas cubran una nota de ese tipo de temas te aseguro que no les van a quedar ganas de volverlo hacer. (Jorge Maldonado, periodista de El Porvenir).
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Aquí en Nuevo León el más alto riesgo que tienen los periodistas (hasta ahorita) es agarrar encabronado al Bronco y que les conteste con una leperada. Allá el riesgo es perder la vida. Como en otros estados, como Veracruz y Guerrero, en donde matar periodistas es como un deporte oficial. (Anónimo por petición del autor).


