Las frases de Andrés Manuel

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“Muy bonito para ser verdad”, dicen millones de escépticos, “muy esperanzador” reviran los otros millones que sí le creen, al ahora sí, presidente de México.

La Ciudad de México vivió el domingo un hecho histórico. De distintos rincones del país fueron llevados mexicanas y mexicanos ansiosos de formar parte del escenario de un gobierno que surge porque el hartazgo sigue haciendo mella en la mente y el corazón de quienes vivimos los altibajos de gobiernos federales que no dan pie con bola.

Altibajos que dejaron millones de damnificados por la crisis de seguridad, porque ésta se hizo presente de diversas formas en las familias mexicanas y sus consecuencias afectaron la calidad de vida de la mayoría de los habitantes de este país.

Altibajos que aún con el discurso echado para delante del tabasqueño parecen muy difíciles de remontar.

El país está polarizado entre los fervientes creyentes del hombre que hace décadas persiguió llegar a ocupar la silla presidencia porque su vida entera la entregó de manera obsesiva a estar ahí.

Y de quienes no le creen ni pizca de lo que ha dicho todos estos años, Andrés Manuel para millones sigue siendo un peligro.

Hoy ya es presidente y como tal dio un discurso en el Congreso que fue repetido ante miles, congregados en el zócalo de la CDMX, el mismo que permaneció hace unos años ocupado por miles de sus seguidores, cuando reclamaba que le habían robado la elección.

Andrés Manuel es ahora quien tiene la responsabilidad de hacer honor a la palabra empeñada, envuelto en la bandera de izquierda, una izquierda deslucida que en México no significa lo mismo que en algunos países de Latinoamérica.

Aquí la izquierda es de la que gusta de comidas y viajes caros, y codearse con los mandamases del país, revestidos de democracia, una democracia que no conocen hacia el interior de sus facciones políticas.

En México la izquierda concebida como tal, no existe, es apenas el remedo de un PRI de centro izquierda que decía proteger a los pobres y no lo cumplió, pese a gobernar durante décadas, tiempo en el que olvidaron su identificación con las causas sociales para enfrascarse en las causas de los dueños de los dineros.

En el discurso en el zócalo hubo varios párrafos que vale la pena repetir, como la afirmación de que los medios de comunicación serán respetados en su derecho a disentir.

Para los periodistas dijo que no habrá más asesinatos de comunicadores pero nada dijo de los que ya cayeron y cuyas familias esperan justicia, por lo menos saber quién los mató.

Se espera que la autonomía de la Fiscalía General de la República sirva para esclarecer todos esos asesinatos y desapariciones, miles, no nada más las de los 34 estudiantes de Ayotzinapa.

“Al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie”, eso esperamos.

“El ejecutivo dejará de ser el poder de los poderes”, eso esperamos.

“La línea es que no hay línea”, eso esperamos.

“Nunca vamos a dejar solos a los migrantes”, eso esperamos.

“Respetar la libertad de creencias y de ideas”, eso esperamos.

“Yo me hinco donde se hinca el pueblo”, Nigromante, eso esperamos.

Repaso anual de los cien compromisos, eso esperamos.

“No divorcio entre pueblo y gobierno”, eso esperamos.

“Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, eso esperamos.

Y para cerrar boca: “Sin ustedes los conservadores me avasallarían fácilmente, con ustedes, “me van a hacer lo que el viento a Juárez”.

Y ahí lo dejamos, usted saque sus conclusiones querido lector y lectora.

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