Y seguimos preguntando: ¿dónde están los 23?

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Sus nombres no se gritaron en plazas públicas porque ellos no representaban una ganancia política para ningún partido.

Nadie en las redes sociales exigió: “porque vivos se los llevaron, vimos los queremos”, pues ninguno era parte de las “fuerzas progresistas” o la “resistencia ciudadana”.

No hubo activista, ONG o “sociedad civil” que le exigiera al gobierno justicia para sus familiares, pues ningún periódico iba a publicar en primera plana sus reclamos.

Sus rostros no aparecieron en mantas colocadas en las calles de París, Madrid, Londres, Nueva York pues allá era sólo otros más que un día se desvanecieron en tierras mexicanas.

Ellos no subieron a un camión para protestar o cumplir la agenda de un grupo político.

Ellos subieron a un camión para buscar un trabajo en Estados Unidos.

Muy pocos quisieron contar su historia que, a años de distancia, sigue siendo una vergonzosa mancha en la funesta lista de desaparecidos en este país.

Hora Cero sí quiso escucharlos y aquí seguimos, con el puño en alto, pidiendo que los regresen con los suyos.

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