Hace unos siete años, la verdad ya no recuerdo con exactitud, una reportera de nombre Marilú Oviedo renunció a Hora Cero Nuevo León con un resentimiento que le hizo tejer en su mente una historia falsa, queriendo difamarme con mucha imaginación que compartió entre colegas.
Qué bueno que usted doña Celia no era diputada de MORENA porque la versión de Marilú la hubiera comprado barata sin confirmar los dichos, sin permitir defenderme. Hubiera atentado y salpicado mi imagen con su saliva subiéndose a la tribuna del Congreso solamente por arropar al gremio femenino.
Qué bueno, también doña Celia, que no eran los tiempos actuales donde las mujeres demandan respeto (tema el cual apoyo absolutamente), pero que ha llegado a límites de mentira y de violencia que repruebo.
En esa ocasión Marilú violó la política interna de Hora Cero de meter a concurso trabajos periodísticos organizados por dependencias públicas. Lo hizo sin consentimiento y se ganó un premio de 20 mil pesos que recibió, indebidamente, del Instituto Estatal de la Mujer.
Cuando supe la llamé a mi oficina y le sugerí que ese dinero debía, entonces, compartirlo con los compañeros que participaron en todas las facetas de producción hasta su publicación. Partiendo de una idea de reportaje que no había sido de ella.
Pero se negó rotundamente al afirmar que el dinero era suyo, suyo, suyo y de nadie más. La justificaba porque quizá en su corta vida ni en sueños había llegado a tener en sus manos 20 mil pesos.
Hasta le propuse que invitara al subdirector, editor, diseñador, fotógrafo y corrector a comer a manera de agradecimiento. Y de nuevo se negó. El dinero, repitió, era suyo, suyo, suyo y de nadie más.
Semanas después renunció a Hora Cero porque recibió una mejor oferta de salario como reportera en Multimedios; después fue despedida y se refugió como jefa de prensa del municipio de Pesquería. Luego le perdí la huella.
A la primera oportunidad, ya fuera del periódico y con resentimiento, contó falsamente que yo había querido quitarle el dinero del premio. Nada mas alejado de la verdad.
Admito, doña Celia, que en principio me molesté porque no se vale echar mentiras cuando un empleado o empleada de una empresa se va por iniciativa propia. Ella, ni como reportera ni como persona, jamás fue humillada ni corrida como lo hizo Multimedios, menos presionada laboralmente.
Por eso agradezco a Dios que usted no era diputada de MORENA en su tiempo parque hubiera cobijado a Marilú al creerle ese cuento.
Qué bueno porque me hubiera exhibido en tribuna como “nefasto periodista”, sin posibilidad de defenderme de su verborrea.
Doña Celia, admita que le tomaron el pelo y usted ya fue demandada por abrir la boca tan a la ligera.
El precedente que dejó al subirse a la tribuna para difamar a Edgar Martínez Mercado no debe volver a repetirse. Y alguien debe ponerla en su lugar.
Un lugar en el Congreso de Nuevo León que, definitivamente, le queda demasiado grande.


