Ayer por la noche en la fila de las consultas de las farmacias Similares, a donde acudí por una alergia en la piel, que por cierto había como más de 15 personas haciendo fila para ser atendidas en el turno de noche con un solo doctor; llegó una madre con su hijo con traje de chef y el dedo anular sangrando.
La madre muy tranquila preguntó quién era el último en la fila y al voltear para contestarle, porque era yo, vi la abundante sangre en el dedo cortado de su hijo.
Precia que ya no tenia la parte de arriba, pero antes de preguntar a ella, mejor les pedí a todos la dejan pasar directo con el doctor, lo cual accedieron puesto que fueron conscientes de la emergencia.
El joven parecía desvanecerse no sé del dolor o la pérdida de sangre que combinaba con su filipina, bata que utilizan los chef de uniforme en los restaurantes; al caminar hacia el consultorio y del que salieron en menos de dos minutos.
No pude evitar salir y preguntarle a la señora a dónde iba, me dijeron que al Hospital Universitario. Les cuestioné si tenían la manera de llegar hasta ahí, la señora con la misma paciencia que con la que llegó me dijo que no, pero vería la manera de hacerlo.
Como es el amor de madre y la fe que tuvo porque yo saqué los últimos pesos que le
servirían justo para el traslado. Su hijo me miró con agradecimiento, pero también con cansancio mientras se recargaba del hombro de su progenitora para intentar cruzar la calle.
Pensé en llevarlos hasta el HU, pero en ese momento estaba yo con toda mi familia. Entonces sucedió un milagro y mientras yo estaba hablando con ellos, una familia dentro de un taxi observaba la situación.
Antes de que yo me alejara se acercó el taxi y ellos caminaron hasta ahí, entonces se subieron y se fueron. Pensé en ese momento que ojalá ellos los del taxi hayan llevado y lo que les di les sirva para comer u otro gasto que les surja.
Después de presenciar aquella situación quedé consternada porque antes de alejarse la señora comentó que el accidente ocurrió en la cocina del trabajo, el patrón aún no estaba enterado y lo peor era que el joven no contaban con seguridad social para su atención médica.
Entonces imaginé la historia de esa familia, como muchas otras en México, con sacrificio le habrían dado la carrera de chef al joven, para posteriormente conseguir un trabajo que por permanecer ahí, en un mercado laboral tan difícil y competitivo, no exigió sus derechos ni aunque el mismo trabajo lo amerita.
En México el 68.1 de los trabajadores mexicanos son asalariados, 22.7 por ciento son autónomos, 4.7 por ciento son empleadores o patrones y 4.5 por ciento son personas sin pago fijo que trabajan en negocios o parcelas familiares, según cifras del INEGI.
De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en México aproximadamente 71.7 millones de personas no tienen acceso a la seguridad social, lo anterior representa 57.3 por ciento del total de la población.
Mientras se resuelve en que quedará lo del Seguro Popular, toda esa población que estaba afiliada a él se encuentra en situación de desamparo, puesto que la seguridad social determina si se vive en situación de pobreza, al igual que otros indicadores como calidad de espacios de vivienda, acceso a la alimentación y servicios básicos.
¿Cuántos chefs en México no andan por ahí con el dedo sangrando para no molestar al patrón y esperando un milagro de terceros para no menguar su salud?


