La verdad es un elemento esencial en todos los ordenes de la vida, es precisamente lo que da elocuencia a las palabras y a los hechos, lo digo porque cuando Sócrates compareció ante los jueces para responder de las acusaciones en su contra, expresó que hablaría con elocuencia diciendo la verdad.
Relato lo anterior ya que en mí opinión, la sinceridad en algunas de las participantes durante la descomunal manifestación femenil, no fue lo que prevaleció con todo y que por un lado tenían sobrados motivos para protestar, pero por el otro, hubo quienes aprovecharon la circunstancia para canalizar la ira en contra del presidente López Obrador.
Sin embargo, los gobiernos de los tres niveles deben tomar medidas al respecto, las instituciones creadas para el apoyo a la mujer es evidente no han impedido sean objeto de agresiones que van desde el acoso hasta la privación de la vida.
El vandalismo registrado durante la manifestación no deslegitima el coraje, porque no nació de la nada, fue producto de la indiferencia entre quienes tienen a su cargo prevenir y castigar a quienes con insultante ligereza acosan o agreden física y moralmente a las mujeres.
La señal fue descomunal y en esa misma medida deberán poner atención y dar seguimiento a las quejas, es inaceptable que las niñas, adolescentes y mujeres, ya sean blanco fácil del delito y que se cometan con impunidad. Ya están advertidos y por lo mismo no tendrán excusa.


