Es sábado a las 6:00 in the morning. Me despierta mi reloj mañanero. Voy de volada a McAllen. Ahh no, ya no se puede. Extraño mi coffee and donuts de allá, tendré que conformarme con un capuchino Andatti del Oxxo y un dona glaseada del Super 7.
Estoy en la primera semana de la cuarentena y los días se hacen muy largos. Si alguien me contara que iban a estar cerradas las tiendas de las chácharas de la Pulga Hidalgo, no lo hubiera creido y ‘ora, como decía El Buki “a dónde vamos a parar”.
Naiden nos imaginábamos que íbamos a estar en nuestro little home enclaustrados, quesque la cosa está muuuy peliaguda y nos podemos enfermar del Covid-19. Aguas con estar cercas de alguien que empieza a toser, a estornudar, o perder el gusto y olfato de los tacos de barbarcha con cebollita y cilantro, que ahora supuestamente sólo se piden para llevar.
Mira brody, ya no podemos ir más a la pulga de Hidalgo, a pedir una Whataburger con sus onions rings, a distraernos o comprar puras cosas indispensables a La Plaza Mall. Ya ni siquiera podemos ir a surtirnos de shones en Ross, Academy, Burlington, Macy’s o tan siquiera a JCPennys.
Allá siguen abiertos los Target, HEBs y Wallmart. Acá nos conformamos con lo que encontremos algo en Soriana, Súper Guajardo, Aurrerá y los tendajos de la esquina, porque como ya sabemos no hay Wallmart desde hace 5 años, que se chamuscó y nunca de los nuncas regresaron. Los dueños dijeron “pies pa’ que os quiero” y nunca volvieron, dejando el business a los HEBs y Smarts de por acá.
Con la falta de pulgas, porque hasta La Jarachina está cerrada (What!) ahora sólo venden por Facebook, en páginas como La Pulga de Reynosa, y otros cerradas como Tianguis de Los Muros donde debes estar inscrito.
La Rosa María ya estaba preparada y usaba dendenantes Easy, Weis, Freeback, Fantastic, Shower Power y Magic de Ecolosía, pa’a dejar la casa reluciente y libre de bacterias como si fuera la Marie Kondo, la japonesita de Netflix, con sus consejos de ordenar muy bien las cosas de la casa… a veces.
Mi vieja es una fiel seguidora del programa Limpiadores Obsesivos Compulsivos, que por cierto lo pueden ver por YouTube, donde se asombrarán la manera asquerosa en que viven cientos de personas en Londres llenos de cachivaches.
Acá en la border no cantamos mal las rancheras y necesitamos un equipo de londinenses, que enseñe a la raza, no sólo a limpiar sus áreas de cocina y baño, sino a recoger las heces de perro que están ¡ajueras en la banqueta de su casa! No sé si esperen que personal de municipio llegue a barrerles su mugrero.
Porque aquí mi vecino de enfrente tiene un auto yonkeado ocupando espacio en la calle, un cerro de arena y cascajo quesque está construyendo (y nunca termina) y un dogy que no deja de ladrar en las noches cuando un stranger se acerca.
Pos con esta pandemia, que por cierto acá la raza ni en cuenta, no les cae el veinte, a pesar de que andamos por la Fase 2, pos qué quieren, sigo viendo abiertos los tacos enrrollados en cada esquina, el tendajo que vende carnitas de puerco, y pos dénse una vuelta el domingo a la Plaza Periférico, toda la familia va como si anduviera por la Alameda.
Mientras los comerciantes se jalan los pelos pa’ aguantar la cuarentena, los que salen ganando son los de Cloralex con su variedad de productos ahora de aromas, en su sitio web hasta te dan consejos para limpiar tu baño, cocina y área de la mascota.
¿Por qué no aprendimos hace 10 años cuando nos tocó el AH1N1? Entonces empezábamos con la obsesión de lavarnos las manos a cada rato, a dejar de saludar de beso a parientes y amigas, ahora ya lo toman más en serio.
Mientras estamos esperando cuántos días nos quedan de encierro, les pido mucha paciencia. Aguanta corazón falta poco, por favor no se desesperen y no asalten los Elektra y los Coppel, si los convocan por redes sociales, porque eso es cárcel segura si los pescan in franganti.
Ya nuestro presi AMLO, ya se desdijo al decir que vayamos a las fondas a apoyar la economía familiar, seguía dando besos a niños como si fuera candidato y como que no naiden se la cree ahora la gravedad de la situación.
Con 10 mil muertos en Italia, mil 800 en el país de Trump, 3 mil 300 en China y no sé cuántos “milando” más, que nos dan casi 25 mil en el mundo, nos deja la enseñanza que no debemos probar comidas raras como caldo de murciélago o pangolín.
Mientras tanto seguiremos gastando dólares en Reynosaville, que nos durarán más y nos dejarán una gran enseñanza, que cuando todo esto pase, mejor seguiremos la nueva costumbre de gastar todo en este lado de la frontera, pa’ impulsar más mejor a la economía.
Total no pierdo ‘muncho’ comiendo en Lubys que en mi propia casa. Es hasta más saludable y con un mejor sazón.


