¡‘Que Dios los cuide’!, piden vecinos del asilo

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Guadalupe., N.L.-
Don Alfredo Ramírez Sánchez y doña Mamá Luisa Valdez cumplirán 64 años de casados en septiembre y viven a unos metros del asilo “Luis Elizondo”. Una llamada telefónica de una de sus hijas, la mañana del miércoles 6, los preocupó y se pusieron a rezar a San Judas Tadeo que tienen en el jardín de su casa.

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Oraban por los 47 residentes del centro geriátrico que dieron positivo a las pruebas de Covid-19 y por tres empleados. Un caso que sacudió a la opinión pública de Nuevo León cuando el gobernador, Jaime Rodríguez Calderón, adelantó que había un brote de Coronavirus en un asilo de la entidad, sin dar más detalles.

Horas después, ese mismo miércoles el secretario de Salud, Manuel de la O Cavazos, fue más preciso al confirmar que 50 personas habían dado positivo a las pruebas.

Así, en pocas horas de siete subió a 17 el número, hasta llegar a medio centenar.

“¡Qué Dios los cuide y los alivie!”, exclaman don Alfredo y doña María que tienen siste hijos, 22 nietos, 14 bisnietos y una tataranieta.

La pareja vive en la esquina de las calles Pátzcuaro y San Lorenzo en la colonia La Pastora, atrás del Mercado de Abastos de Guadalupe.

A la zona llegaron después de casarse en 1952. Antes vivieron en Monterrey por la calle Emilio Carranza, hasta que tuvieron que buscar otros rumbos cuando se empezó a construir la Macroplaza a finales de los años 70 y principios de los 80.

Sobre los que trabajan en el asilo, residentes o familiares, doña María cuenta que solo conoce a una empleada con quien platica en ocasiones, pero tenía días de no verla sin saber la razón.

Entre otras desconocía que desde el lunes 4 empezaron a suceder situaciones anormales en el asilo, entre ellas que ningún empleado respondía el teléfono cuando los familiares querían comunicarse con un interno, como sucedía en días normales.

“Esta mañana me habló una de mis hijas y me avisó que en el asilo había personas con Coronavirus. Que le avisara a su papá y que estuviéramos atentos”, dice.

Don Alfredo, quien fue joyero, está acostumbrado a las emociones fuertes como tener una familia numerosa. Uno de sus hijos, amante de las motocicletas, ha sufrido dos graves accidentes, así que el Covid-19 no le espanta, pero tampoco lo minimiza.

“Hay que cuidarse. Mis hijos nos dicen que salgamos poco, solo lo necesario, y que usemos tapabocas y gel”, señala mientras silencia a su mascota de nombre Rocky que ladra detrás de cerca de alambre a los extraños.

Sin avisar, el patriarca de la familia gira con una velocidad de adolescente y camina hacia adentro de la casa. Algo dice en su marcha, pero no es entendible.

“¡Ay mi esposo, va por la foto!”, ríe doña María cuando ve a su compañero de vida cargar un marco de gran tamaño con una fotografía donde están ellos y los integrantes del árbol genealógico de la familia Ramírez Valdez.

Esa mañana la colonia está tranquila. Pocos vecinos se asoman curiosos a ver las patrullas de Policía, los vehículos de Protección Civl y el ir y venir de los reporteros y fotógrafos de medios locales, de televisoras de Estados Unidos como Telemundo y Univisión, de las tres principales agencias de noticias del mundo AFP, EFE y Reuters, y de la contraparte mexicana Cuartoscuro.

—¿Usted de que medio es?—, preguntó ella.

—De Hora Cero. Un periódico gratuito—, respondí.

—Sí vieja, de esos que uno agarra sin pagar—, aclaró él.

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