(Mother!, 2017)
Darren Aronofski hace con ¡Madre! una enorme extravagancia llena de simbolismos y metáforas. La producción polariza opiniones: por un lado es considerada una obra maestra y, por otro, se convierte en una declaratoria bíblica pretensiosa y detestable.
Aunque inicialmente se menciona que la oscura narrativa se suscribe a una advertencia sobre los daños que el mundo le hace a la naturaleza, lo cierto es que las razones del director son más profundas y se encuentran enterradas en algún sitio subconsciente de su brillante creatividad.
Jennifer Lawrence es una mujer que se encuentra en un sitio solariego, con su pareja Javier Bárdem, un escritor que se encuentra a la mitad de su gran obra.
Inesperadamente llega a visitarlos allegados de él, Ed Harris y Michelle Pfieffer, que les robarán la tranquilidad, el espacio y hasta la seguridad.
El atractivo casting hace la propuesta irresistible, aunque queden en la oscuridad las intenciones, que se encuentran mucho más allá de lo que los sencillos hechos revelan.
La casa es como el paraíso terrenal y dentro de ella comienzan a revelarse personajes que parecen extraídos directamente desde el Génesis, con la pareja originaria, la manzana prohibida, el crimen entre hermanos y hasta la redención personificada en el Hijo de Dios, que se entrega para salvar los pecados de la humanidad.
La película es terriblemente angustiosa. Ella va reconstruyendo pacientemente la casa, hasta que llegan los invasores, que van ocupando espacios, hasta alcanzar una caótica pesadilla en las que se mezclan grotescamente la brutalidad, el crimen y la aniquilación.
Vale la pena, claro, pero ¡Madre! se odia o se ama. No hay término medio.
Netflix
(R. Restringido; menores de 17 deben estar acompañados de sus padres)
@LucianoCampos G


