Esta primera columna va dedicada a mis hijos, a mi güerita, a mis padres y hermanas a los cuales esta pandemia forzó a demostrar su grandeza. A mis colegas y a todos los boxeadores ansiosos por entrenar y subir al ring.
El box ahora tiene un nuevo contrincante, uno en común con los demás deportes, ya no hay espacio para permitirnos alejar al oro y plata de nuestras arcas. Ya no tenemos margen de error, esta nueva pandemia vino a cambiar las reglas del juego, el box está condenado a perder todo lo conseguido si la industria no se transforma, si la integridad, la ética y el sentido común no abrazan a nuestro deporte.
Lo que pedíamos como un deseo utópico de peleas parejas, oponentes dignos, carteleras atractivas, hoy un virus microscópico forzó a cambiar la calidad en forma y fondo de la oferta al público; saldrán nuevos promotores, los patrocinadores tendrá que ser reconquistados, las plataformas tendrán que ajustar su contenido, todo cambió y este virus se mantendrá a raya si usamos en las manos jabón, agua, mezclados con honestidad, inteligencia y ética… mucha ética.
Todos los espectadores veremos un esfuerzo de los boxeadores elite para permanecer en la cima, veremos nuevos nombres y grandes cambios; veo un cambio de rumbo positivo, veo la necesidad de homologar reglamentos, reducir campeonatos de latón y responsabilizarnos con la deuda que tenemos con los espectadores perdidos por decisiones absurdas casi corruptas de jueces y organismos.
Esta pandemia desnudó las carencias de todas las industrias, los valores perdidos de todas las personas y el talento dormido de los políticos y líderes.
Ahora desde gimnasios, establos, academia y cocheras tendremos que cumplir con nuevos estándares de higiene, control de temperaturas y número de practicantes. Estamos ya en una nueva era en la cual el necio y el orgulloso será el nuevo pobre; el mundo cambió y tendremos que entenderlo rápido… y tener reflejos para adaptarnos.
El box puede nutrir el gusto por practicarlo, aprenderlo y verlo… siempre ha podido pero no hemos querido. Hoy es querer y poder, o no querer y morir.
COACH PABLO
IG @PABLORMZ77
Próxima columna: La historia de Emile Griffith, el boxeador al cual la sociedad le perdonó haber matado a un hombre, pero no le perdonó haber amado a otro.


