Monterrey, NL.-
Al arranque de las actividades religiosas, la iglesia católica reanudó las tradiciones misas sabatinas, aunque el aforo fue poco.
En la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en la colonia Roma de Monterrey, apenas siete personas ingresaron al primer servicio religioso luego de tres meses de suspensión presencial por la contingencia sanitaria.
Portando cubre bocas -que es obligatorio- y algunos incluso con caretas, los feligreses se distribuyeron a lo largo del templo, a los que sólo pueden ingresar el 10 por ciento de su capacidad.
“La pandemia nos ha desafiado: ha sacado lo mejor de nosotros mismos aunque también lo peor de nosotros”, dijo al inicio de la homilia el párroco, Pedro Jasso.
En su sermón, el religioso ahondó sobre los estragos de la crisis sanitaria del Covid-19 y exhortó a la ciudadanía a “vivir lo nuevo: con esperanza, paciencia y entusiasmo”.
Añadió qué hay que enfrentar el miedo de la mano de Dios, pero que no significa dejar de ser precavidos, por lo que recomendaron el uso de tapa bocas, el lavado constante de manos y la sana distancia.
“Vivir sin miedo no es vivir sin prevención por eso hemos tomado todas las precauciones en la parroquia”, expresó el párroco.
Y en efecto, las entradas a la parroquia fueron reducidas a una. Antes de ingresar se toma la temperatura y se coloca gel años feligreses.
El número de bancas se redujo y se colocaron leyendas de cómo sentarse si se va en familia o solitario.
El tradicional coro de iglesia se suprimió para evitar la concentración de personas y en su lugar se colocan cintas con los cánticos católicos.
A la par, se colocó gel antiséptico por todo el inmueble, que está lleno de señalíticas para el mejor desarrollo de la misa.
El saludo de “la paz de Cristo” se modificó en una seña a la distancia y la entrega de la hostia ya no es en la boca sino en la mano.
El ritual de la limosna también se cambió: ahora en lugar de pasar a recogerlo de deposita al final en unas alcancías colocadas en las salidas laterales.
Al final de cada celebración, un equipo sanitizante ingresa a la parroquia para limpiar el inmueble antes de la próxima misa.
Durante la homilia, el religioso elevó una oración para las personas que se durmieron en el descanso eterno, especialmente para aquellos fallecido por el Coronavirus, que en México ya son más de 20 mil.
La misa finalizó al igual que el arranque: con aplausos por la reanudación de los servicios religiosos.
“Con la confianza puesta en Dios y sin miedo podemos ir en paz”, fue la frase con la que el párroco clausuró la primera misa de la parroquia, tras la devastación de la pandemia.









