Se desgastan las letras, y la vida, también.
Las manos no responden, se fracturan las ideas.
El cerebro no entiende de incongruencias, mientras la vida transcurre como niño de 4 años montado en bicicleta, te exige continuar.
El dolor se convierte en tatuaje, con la rapidez de un parpadeo.
Ya no quieres mañana, el temor de ¿quién sigue? es como el sentir del naufrago en una nueva ola.
Murió, falleció, dejó de existir, se nos fue, lo recordamos, nuestra solidaridad, ¿ya sabes? No puedo creerlo, ¿pero cómo?, ¿por lo mismo?
Sino es la frontera, es el virus, total que la muerte tiene varios vestidos.
¡Ya basta, con una chingada! ¿Hasta cuándo?
Exigencia e interrogante que sólo son escuchadas por su eco.
Mientras la FE se ahoga en las lágrimas de una habitación.


