Si usté como yo brody, anda preguntando que ansina mesmo cuándo fregados acabará esto del Covid, la respuesta es… pos quien sabe.
Mientras el comerciante ya cerró su changarro quesque “no es un negocio esencial”, empezó a tragar pinole porque había que pagar renta, servicios y los sueldos de empleados. Esto está cada día pior y no sabemos cómo salir de este barullo mediático.
“El Covid es una artimaña del gobierno que nos quiere volver comunistas, está muy mal AMLO”, decía mi primo Beto, pero después te das cuenta que no se trata del presidente ni que ocurre sólo en México, sino está en el país del “American Dream”, como en todo el mundo mundial, y pos ahora empiezas a preocuparte.
Cuando en marzo inició la cuarentena, y de eso hace un chorro de tiempo, ahora andamos como en el día 61 de “la nueva normalidad”, “munchas” cosas han cambiado desde entonces.
De primera nos quitaron los tacos callejeros, eso lo entendemos, si no te mueres de Covid con toda esta tierra que vuelva por la border, pos capaz que caes por tifoidea.
No podíamos ir a Sanborns a comernos unos blanquillos motuleños, como Dios manda, que vienen en un huevo sentado en una tostada con salsa de tomate y rebanadas de plátano macho y chicharitos.
Entonces no nos dejaban tomar un cafecito para leer el periódico sin prisas, o la revista que quisieras. Bueno ahora en Sanborns ya casi no hay revistas por el Covid.
Nos amenazaron que no podíamos pasar a las mesas, quesque era muy contagioso llegar a tocar las superficies o probar unas enchiladas suizas. Entonces te sugerían llevarte el almuerzo a tu casa, pero la verdad, no sabía igual.
Por ahí cercas me llevó la Rosa María a escondidas con cubrebocas a pedir unas inocentes gorditas de chicharrón en salsa verde y otras de carne con mole. Tuvimos que comerlas en una esquina de la calle, escondidos en un poste de luz, con miedo que llegara la poli y nos llevara a la cárcel por infractores.
La “nueva normalidad” hizo que los chavos no estuvieran las clases presenciales en las escuelas y las tomaran por Zoom, Teams u otro medio que pudiera estar “en contacto” con los alumnos, aunque varios de ellos se la pasaban de listos y no asistían, pues ponían una foto fija, haciendo creer que estaban ahí.
Si se batallaba para tener la atención de los chamacos en un salón de clases, imaginen ahora tratando de hacer lo mismo “on line”, lo que ocurre es que se crea un método nuevo con saturación de tareas que está causando deserciones masivas.
Aunque si lo que se trata es aprender, habrá quien lo haga siempre y cuando tenga la decisión y voluntad de hacerlo. No se trata de caer en el “copy-paste” tomando textos del ciberespacio, con tal de cumplir el compromiso semanal de las entregas con el “teacher”.
En la “nueva normalidad” nos muestran las estadísticas crecientes que ponen a México en tercer lugar mundial de fallecimientos, detrás de cariocas y gringos.
En esta incertidumbre la gente comenta por WhatsApp “yo ya lo tuve, porque hubo un día que perdí el sabor de los alimentos, pero se me quitó a las dos semanas”.
Esto te dice que la raza no entiende la gravedad del asunto, porque si resulta que tienes el Covid, puedes ser asintomático sin presentar los síntomas, pero también puedes contagiar a los demás.
Entonces empiezan a salir historias de terror en los medios, como del señor que fue maltratado y escupió a un niño para decirle que ya tiene Coronavirus. Hay muchas fake news en los medios, lo malo es que todos las difunden.
Eran cuentos parecidos a cuando estaba en auge el sida, sobre un cuate que a sabiendas que tenía el virus decidió seguirle a la parranda, porque de todas maneras hay que “vivir la vida loca” y de todas maneras se iba a morir.
Pero no es el caso. El Covid no es sida, se propaga por gotículas o aerosoles que circulan por el aire, producto de un estornudo, del hablar mismo, cantar a capella, recitar o algo que haya hecho que alguien abra su bocota delante de otra persona en una distancia menor a metro y medio.
En estos días de “nueva normalidad” se acabaron las cenas con amigos, los festejos de cumpleaños y hay de ti si la publicas en Facebook, porque dejas un registro público de tus actividades.
Si acaso acabas contagiado de Covid, sobrarán los comentarios de “claro, si se la pasaba de fiesta en fiesta, cómo no se iba a enfermar, lo puso en Face”.
En estos días en que fui a Monterrey, tomé un taxi de la calle y le pregunté al buen hombre “¿y cómo está? ¿cómo está el movimiento?”.
Después de quejarse de la economía, el empleado del volante me dijo “pos fíjese que vengo recuperándome del Covid”.
En esos momentos no sabía si tirarme por la ventana, como si él tuviera lepra o sida. Pero si llevas cubrebocas, de preferencia lentes o cubrecaras plásticas, y un buen gel antibacterial, no tienes nada que temer.
“Se siente muy feo, se te va la respiración y sientes que te ahogas. Pero como a mis hijos ya les dio, pos me dieron la medecina y ya me estoy curando. El problema es que casi no veo, pero ya me puse unos mejores lentes”.
No me preocupaba el Covid, sino morir estampado en un semáforo en un accidente de tránsito por la avenida Leones.
En estos días la mayoría, a quienes no los han despedido o cerrado sus negocios por incosteables, están en “home office” tratando de sobrevivir de esta interminable cuarentena.
Cuando vemos los reportes del Covid con el doctor Hugo López-Gatell, quien nos daba esperanzas que se aplanaría la curva, luego nos dijo que no era una sola, sino que se trataba “de la suma de las curvas”.
Los mapas de colores ya desaparecieron, ahora se muestran gráficas de municipios, e indican cómo van las condiciones en particular.
Pasan los días y pasan los días y no se acaba la pandemia como prometieron, si dijeron que era en mayo, sería en julio, después en agosto, luego quiensabe, pero tendremos que aprender a vivir con ella toda la vida.
Mientras tanto no salga a la calle sin su cubrebocas, lávese las manos constantemente y lleve su gel antibacterial por si las moscas.
Y no se confíe, cada vez hay más personas que estiraron la pata. Y tú brody, puedes ser el próximo.


