Hace unos días, aburrida quedándome e casa, me puse a ver en Netflix un documental titulado “Bellas de Noche”. El documental muestra las vidas de quienes en los 70’s y 80’s fueron las “reinas de los cabarets”: Lyn May, Olga Breeskin, la Princesa Yamal, Rossy Mendoza, Wanda Seux (fallecida ayer 2 de septiembre). Todas ellas ya en la tercera edad parecen sufrir alguna forma de locura…aunque muchos dirán que la locura la padecieron en su juventud y no precisamente ahora que viven en el retiro y casi en la pobreza.
Cada una de ellas cuenta su vida, unas con nostalgia y oras con remordimiento por cuanto aquella vida nocturna de escarchas y lentejuelas, de plumas de avestruz y desnudez “artística” era una vorágine de aturdimiento. Una de ellas dijo que por muchos años no vió nunca la luz de una mañana, pues llegaba a su casa poco antes del amanecer se echaba a dormir y despertaba pasada la media tarde.
Los tiempos dorados de aquellas “strippers” profesionales, vedettes de quimera, estrellas de la noche han quedado en el pasado. Y aunque muchos les llamaron peyorativamente y despectivamente “encueratrices”. La verdad es que hoy en día cualquiera se encuera, pero sin el glamour, la sensualidad, el brillo y el erotismo de aquellas voluptuosas “diosas nocturnas” que hacían las fantasías de su público en vivo en los famosos cabarets de la Ciudad de México y luego en la época decadente del cine Mexicano en películas de ficheras y narcos producidas y protagonizadas en su mayoría por los hermanos Almada. Ellas eran el “lujo” en las fiestas privadas de políticos de altos rangos y narcotraficantes que gozaban en aquellos años el paraíso de la impunidad, de los poderosos acaudalados que las presentan en sus bacanales como el “platillo principal” y símbolo de su influencia y su poder. Las colmaban de regalos costosos, les obsequiaban casas, joyas, automóviles, las hacían sus amantes y a veces caían enamorados y rendidos a sus pies. Y también hicieron las delicias de los pobres engalanando con su imagen impresa en cromos de calendario los talleres mecánicos de la ciudad.
Pero pasada su juventud y perdida la firmeza de sus carnes, fueron quedando en el rezago y en el obsolescencia. Ya no era tan atractivo competir con el desparpajo carente de todo pudor de las nuevas generaciones que se exhiben y se exponen sin misterio ni imaginación. Las desveladas y los excesos les pasaron la factura y la fractura de sus carreras artísticas. Se acabaron los regalos seductores, y hubieron de vender lo que les quedaba para subsistir en el desierto del olvido. En su desesperación por sostenerse en el mundo de las luces nocturnas, algunas de ellas trataron de luchar y de vencer al dios Cronos; se inyectaron, operaron, se estiraron y se deformaron en su pelea feroz contra el implacable e inmisericorde tiempo.
Sus historias no tienen final feliz. Lyn May está desfigurada y vive con su séptimo marido que es un ancianito decrépito y asegura que, cuando su anterior marido falleció luego de veinte años de matrimonio, desenterró el cadáver y durmió con él por dos meses…como Juana la Loca. Olga Breeskin se ha vuelto fanática religiosa y ha fundado su propio ministerio cristiano carismático donde canta alabanzas acompañada de su violín. Asegura que fue solo Dios quien la salvó de las drogas y el alcohol que ahogaba su vida de farándula. Rossy Mendoza parece como ausente y “pela los ojos” abriéndolos omo platoos desorbitados cuando habla de sus memorias…Aun se pone sus trajes de vedette y se mira en el espejo con añoranza; Wanda Seux, quien fuera conocida como “la Barbie” de las vedettes por su figura fina y esbelta, sufrió dos infartos cerebrales que le dejaron severas secuelas y cáncer. Vivió sus últimos años en la absoluta pobreza rodeada de sus más de veinte perritos, todos blancos. Finalmente la Princesa Yamal (Isabel Camila Masiero) tuvo que pasar dos años y nueve meses presa por complicidad con su pareja en un robo extraordinario de piezas arqueológicas al Museo de Antropología e Historia, y quedó en la ruina.
SÍ, fueron ellas las Bellas de Noche, hasta que la verdadera noche cayó sobre sus vidas. Pero fue solo luego de su decadencia que pudieron ver, por primera vez en mucho tiempo, la luz del día y encontrar el verdadero sentido de su existencia.
(Descanse en paz Juana Amanda “Wanda” Seux Ramírez).


