Está prácticamente forjada una coalición entre el PRI y el PAN en lo que concierne a las diputaciones federales en 152 de los 300 distritos electorales, alianza que tiene el evidente objetivo de frenar o hasta descarrilar los proyectos de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, que ya se verá el próximo 6 de junio si tal intención cuenta con el respaldo de la mayoría de los electores.
Pero con todo y coalición no va a ser mero trámite arrebatar de las manos de AMLO el control que tiene de la cámara de diputados, ya que si bien para unos es algo así como un iconoclasta, para otros es un nacionalista que trae en la mente auxiliar a los pobres y acabar con privilegios, lo que implicó modificaciones constitucionales.
Ahora bien, si el próximo 6 de junio el MORENA y sus aliados dejan de ser la primera fuerza en la Cámara de Diputados, eso no será suficiente para modificar o derogar las reformas constitucionales de la autoría del presidente AMLO, en virtud de que luego tendrían que ser aprobadas por el senado compuesto en su mayoría por afines al gobierno de la 4T.
Y en consecuencia, el que pierda influencia AMLO en la próxima legislatura de la cámara baja sólo tendrá utilidad político-electoral para sus adversarios, los que jubilosamente repiquetearan las campanas anunciando que ya inició el declive.
Ahora que si el electorado refrenda el apoyo a AMLO: requiescat in pace la oposición.
Así de ese tamaño será el riesgo que correrán en las elecciones de junio del próximo año, que en Tamaulipas serán concurrentes con las locales, para las cuales no habrá coalición y eso abre las puertas para una competencia electoral de tercios que podría modificar la cartografía política en esta entidad.


