(Kong: Skull Island, 2017)
En una versión moderna, estilizada y llena de imágenes perfectas, generadas por computadora, regresa el mito de Kong, el simio enorme que ha crecido, fuera de la línea evolutiva, en una perdida isla en el Océano Pacífico.
Es una criatura diseñada en la tradición de los kaijus japoneses, monstruos gigantes, aunque este es uno de los más grandes que han sido presentados en la pantalla.
El guión de Dan Gilroy da una perspectiva interesante sobre el amenazante ser de talla descomunal: él es la víctima y los seres humanos, los victimarios, por ser los invasores y quienes lo agreden, al adentrarse en su hábitat natural, con propósitos depredadores disfrazados en ciencia.
Aunque el viaje se suponía una aventura apacible en un clima exótico, pronto se transforma en una lucha por la supervivencia de un equipo militar que irrumpe en la tranquilidad del primate.
Saturada de efectos especiales, con recreaciones digitales insuperables, la película ambientada en la década de los 70, es mayormente pirotecnia. Junto con el impresionante simio aparecen muchos otros seres que emergen del averno, que rivalizan en espectacularidad con el atractivo principal.
El casting es muy atractivo con nombres como Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John C. Reilly y John Goodman.
Es una cinta entretenida, con algún guiño a King Kong, pues la bestia termina por sentir algo parecido a la atracción hacia la bella fotógrafa de la expedición.
(PG-13. Orientación de los padres a menores de 13 años)
Netflix
@LucianoCamposG


