Dice el refrán que la aptitud es lo que te lleva a ganar un puesto, pero la actitud es lo que te mantiene en él. Podrá uno ser el mejor del mundo para realizar alguna tarea en particular, pero si la actitud es mala, es posible que nadie se dé cuenta siquiera de dichas capacidades. Una mala actitud puede eclipsar a cualquier otra virtud. Decía Winston Churchill que “la actitud es una pequeña cosa que marca una gran diferencia”.
Durante estas campañas electorales 2021, no dejemos pasar la oportunidad de observar las actitudes de los candidatos y candidatas, no solo evaluemos sus supuestas aptitudes ya que es en su actitud donde se refleja y se proyecta su calidad humana. “La excelencia no es una habilidad, es una actitud” (Ralph Marston).
Los discursos, los debates y las declaraciones de los políticos aspirantes aun cargo de elección popular, son las 3 D’s que nos permiten ver la calidad de su actitud. Recordemos (para que sirva de mal ejemplo) el fatídico debate de Trump vs Biden durante las pasadas campañas electorales en Estados Unidos.
Trump exhibió de tal manera su mala actitud que no solo se avergonzó a sí mismo sino que le dio a Estados Unidos un baño de “pena ajena”, incluyendo a sus copartidarios republicanos. La actitud de Trump fue nefasta, grosera, insolente, imprudente, agresiva, irreverente, estridente, vociferante, irresponsable, verbalmente violenta, incendiaria, peleonera y demás…Tanto así que todos vimos en qué derivó aquel 6 de enero 2021 cuando una horda de fanáticos políticos enfurecidos, invadieron y cometieron todo tipo de vandalismos en el Capitolio en un ánimo enardecido y azuzado por la actitud de un líder que pronto los desconoció y les dio la espalda con esa cobardía de quien “tira la piedra y esconde la mano”….Y perdió. Perdió no solo las elecciones, sino también el respeto y la poca dignidad que le quedaba, llevando la política estadounidense a los niveles más bajos, miserables y ruines que jamás se habían visto.
Esperemos que los y las aspirantes a puestos de elección popular ahora en nuestro país durante este proceso electoral hayan aprendido algo de esa amarga experiencia sufrida por nuestros vecinos estadounidenses. Ojalá no pasen por alto la importancia y trascendencia de su actitud como estandarte de su calidad humana y de liderazgo socialmente responsable. Pero sobre todo, esperemos que nosotros, los electores seamos capaces de evaluar y ponderar esos factores; que seamos capaces de apreciar, valorar y preferir la buena actitud, el juego limpio, el correcto lenguaje, la prudencia y la sensatez, la consistencia, la congruencia, la educación, la nobleza de espíritu, la sabiduría, la ética y la virtud de quien aspire a gobernarnos. Ninguno es perfecto, pero hay quienes son menos peores que otros. Que nuestro voto sea un voto de calidad y por la calidad. Tan importante es la aptitud como la actitud. Ojo con eso. Convertir la arena política en un palenque, resultaría primitivo, salvaje y catastrófico.


