Beneficios del petróleo

Últimas Noticias

Reynosa, Tam.-
En 1956, se filmó y estrenó la singular película Gigante, dirigida por George Stevens y estelarizada por tres de las grandes estrellas de Hollywood: Rock Hudson, Liz Taylor y James Dean.
La trama cruza dos temas torales: la resistencia de una familia ganadera a explotar el petróleo que se descubre en su rancho, y el súbito enriquecimiento de un peón que recibió parte del rancho como herencia y sacó el petróleo, pero fue infeliz.

Este filme, basado en la novela del mismo nombre de Edna Ferber, ganó un Oscar y varios premios más, y ha sido incluido dentro del acervo del Registro Nacional de Filmes de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por haberse ubicado dentro de las películas que se considerada cultural, histórica, o estéticamente significativas.
Su planteamiento sigue vigente y no ha variado el criterio con que se ve el problema de la explotación del petróleo como un serio atentado en contra del ser humano y su hábitat.

También deja en claro que en los Estados Unidos, los derechos de petróleo y gas de una parcela son propiedad de los particulares, las empresas, las tribus indígenas, o de los gobiernos locales, estatales o federales.
Los derechos de petróleo y gas se extienden verticalmente hacia abajo desde los límites de la propiedad.
De manera explícita y mediante escritura, los derechos de petróleo y gas son de propiedad del dueño de la tierra de la superficie.
Comprobada de la propiedad de la superficie, los derechos de explotación de petróleo y gas pueden ser comprados, vendidos o transferidos, al igual que otras propiedades.
La propiedad de los derechos de petróleo y gas para las distintas capas horizontales o estratos, puede ser dividida y vendida a diferentes fracciones.
Sólo los derechos de petróleo y gas en alta mar son propiedad del Estado o gobierno federal.
Estas disposiciones no rigen en México y por tanto, los dueños de la tierra no reciben beneficio alguno por la explotación de los yacimientos de petróleo y sus derivados que se encuentran en el subsuelo, lo que viene a hacer un contrasentido de la reforma que recién aprobaron, al vapor los “legisladores”.
Asegura un viejo y conocido refrán que lo que es parejo no es chipotudo, y en el caso, si se privatiza el petróleo, algo debe llegar a manos de los dueños de la tierra, que están pasando por momentos de crisis angustiosa.

Pronto los mexicanos habrán de lamentarse como el rey de Granada, que dijo: “Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios está con los malos, cuando son más que los buenos”.
Mientras, pues que los “legisladores” limpien algo de tanta impudicia y completen las reformas haciendo válida la expresión de que “el petróleo seguirá siendo de los mexicanos”, poniendo a esos mexicanos nombre y apellido y, reconociendo el derecho que tienen a lo que aparece en las profundidades de su predio.
Lo que reciban los rancheros y campesinos no se irá a los Estados Unidos, a donde van a parar las fortunas más habidas de los pillos mexicanos; servirá para rescatar la tierra.

Todavía tienen tiempo los integrantes de las Cámaras del Congreso para, en la redacción de las leyes secundarias, incluir algún beneficio para los propietarios de la superficie donde se explotan los bitúmenes.
En el vecino país, los pagos al arrendador suelen tomar tres formas: bono, alquiler o regalías, según lo pactado entre las partes.
El bono es un pago por adelantado que se entrega en el momento de la firma del contrato de arrendamiento; el alquiler es de un pago anual, por lo general efectivo hasta el momento en que la propiedad comienza a producir petróleo o gas en cantidades comerciales.
Las regalías se refieren a un premio en metálico por la cantidad gas o petróleos que es extraído del subsuelo, según la contabilidad de la empresa y de las instancias oficiales.

Cualquiera de estas formas de canalizar algo de recursos al campo es, además de justo, muy necesario, por las condiciones en que se encuentra el agro, totalmente desolado y con escasa posibilidad de redención por sus propios recursos.
¡Que no todo sea “palla”!

(Redactó Fortino Cisneros)

- Anuncio -

Columnas

- Anuncio -