Morelia, Mich. / Diciembre 3.-
Enrique Meza aprendió la lección. Lo demostró anoche en la ida de la semifinal. Los Monarcas tienen un potencial ofensivo mayor al del Puebla, así es que, enfrascarse en una batalla sin cuartel, podría no ser benéfico para el Cruz Azul.
El Ojitos Meza diseñó un esquema en el que la prioridad era controlar a los atacantes purépechas y esperar hacer un gol mediante algún contragolpe o jugada a balón parado. Casi lo consigue; sin embargo, el 0-0 registrado anoche coloca a La Máquina en una posición muy favorable de cara al duelo de vuelta.
Su mejor posición en la tabla general le permitiría clasificar a la final con un nuevo empate. Los Monarcas son, otra vez, los obligados a ganar.
Luis Gabriel Rey estuvo cerca de voltear las cosas, pero su falta de puntería y el travesaño se lo negó, al igual que a Joel Huiqui, cuyo remate con la cabeza estremeció a todo el Estadio Morelos.
Los azules volvieron a apostar por la línea de tres centrales y les resultó. Huiqui, Julio César Domínguez y Melvin Brown se complementaron para nulificar a los locales, no sin sufrir algunos sobresaltos.
Tomás Boy intentó que Aldo Leao Ramírez fuera su sorpresa en el mediocampo. El gusto le duró unos cuantos minutos. Gerardo Torrado le tomó la distancia y controló al volante colombiano.
Cambios de juego, remates con la cabeza, de media distancia, modificaciones en las posiciones de los hombres con vocación ofensiva… El Morelia lo intentó todo, pero La Máquina no cometió los errores que tanto la hicieron sufrir en la serie de cuartos de final ante los Camoteros.
Fue un partido en el que varios de los dirigidos por Meza se acercaron a la perfección. El único que sigue muy lejos de su nivel es el goleador del torneo, Emanuel Villa. Los contrincantes ya aprendieron a marcarlo, la prueba es que no ha anotado en lo que va de la Liguilla.
Sin El Tito a plenitud, los celestes pierden el punch, por lo que se vuelve aún más importante la serenidad que muestren
en la retaguardia.
Torrado y Cristian Riveros sufrieron con Wilson Tiago y Ramírez. Los recuperadores cementeros son dos guerreros, ponderan la fuerza sobre cualquier otro atributo. En cambio, los michoacanos son delicados e inteligentes, con mucha facilidad para servir goles.
Rey los tuvo, para mala suerte de los locales. El colombiano es una pieza importante para Boy, pero no tanto como Miguel Sabah. El ex cruzazulino fue tomado por Brown, quien lo único que le permitió fue controlar el balón de espalda al marco custodiado por José de Jesús Corona.
Eso explica la frustración del quintanarroense, en especial durante los minutos finales, cuando la media cancha se rompió y las llegadas a los arcos se multiplicaron.
Entonces sí, El Ojitos soltó a César Villaluz. La “joya” celeste se pegó a Villa, al tiempo que Lozano se colocó detrás de ambos. La Máquina decidió matar o morir, pero no más de un cuarto de hora.
Pablo Zeballos sustituyó al Jimmy a cinco del final. Por primera vez en la noche, los visitantes utilizaron a dos delanteros nominales, porque Javier Orozco jugó como volante por derecha.
Parte de las virtudes perdidas en los cuartos de final se recuperaron. Ya no hubo explosividad al frente, pero no incomodó demasiado a los celestes. Total, mientras no reciban anotación, tendrán garantizado el boleto a la serie por el título.
Los Monarcas sí generaron opciones en el marco azul, pero muchas menos que La Franja en los cuartos de final.
La primera parte de la misión cementera está cumplida, casi sentencia la eliminatoria, de no ser porque su goleador aún no se ha mostrado fino.
Y los de casa se fueron al vestuario con la mirada absorta, con la molestia de haber dominado buena parte del encuentro, pero fueron incapaces de descifrar el crucigrama que les preparó Meza. Todo sea por una final… Y el ansiado título de Liga.

