A Monterrey le sobra sol y le falta agua. Cualquiera pensaría que estos dos temas son centrales en todos los aspectos de la vida metropolitana, desde la política hasta la actividad empresarial, pasando por las universidades; pero no es así. Al sol no lo pela nadie y el agua solo es tema cuando se secan las presas. Hace muchos años, un europeo que visitaba la ciudad por asuntos de trabajo preguntó a un regiomontano: ¿Y ustedes qué hacen con el sol? Nos tapamos, fue la respuesta automática.
Para lidiar con el mucho sol, Monterrey ha recurrido a los aires acondicionados y, en menor medida, a los recubrimientos aislantes en los techos. Ambas son medidas defensivas, por llamarlas de alguna manera. Una minoría muy pequeña está empezando a usar paneles solares para generar energía eléctrica motivados por las altísimas tarifas que les aplican a los grandes consumidores residenciales, la famosa tarifa DAC. En una economía de mercado, el precio está directamente relacionado a la abundancia o escasez del bien (en este caso, la energía eléctrica) y obliga a racionalizar su consumo.
El nuevo esquema de tarifas anunciado por SADM a principios de mes no parece que vaya a desincentivar el consumo excesivo a juzgar por la reacción en los medios. Tal vez haya que esperar a que lleguen los primeros recibos. En el corto plazo, si las tarifas son adecuadas, el efecto será marginal.
A mediano plazo, si se hacen bien las cosas, veremos que los nuevos desarrollos habitacionales empezarán a ofrecer algunos esquemas de reutilización de agua para riego de jardines y aún de captación de agua de lluvia. Ahora no lo hacen porque es muchísimo más barato simplemente consumir agua potable para todos los usos diferentes al consumo humano.
Nuevo León presume de tratar el 100% de sus aguas residuales, mismas que se vierten en su mayoría a los cauces naturales. Existe una red de distribución de aguas tratadas, que suministra agua no potable a un número muy limitado de usuarios industriales y algún campo de golf. Tal vez habría que pensar en ampliar tal red para liberar agua potable que actualmente se usa para procesos industriales que podrían usar aguas tratadas.
Lo que llama la atención es la increíble inacción de nuestras autoridades desde que se canceló el proyecto Monterrey VI. Ni un solo pozo nuevo se ha anunciado en casi 5 años. La presa Libertad que empezó a construir “El Bronco” en septiembre del 2020, se estima que estará terminada para finales del 2023 y tendrá una capacidad de 221 millones de metros cúbicos (apenas un 70% de la capacidad de Cerro Prieto). Muy poco y muy tarde.


