Texas.-
Diecinueve de febrero. Año 2007. Llantos desesperados se escuchan en la casa de los Álvarez Lucio. Mariah, la menor de sus 14 hijos había muerto.
Una llamada de emergencia destapó la tragedia y lo que al parecer fue también un atroz asesinato.
Paramédicos trasladan a la niña de dos años a un nosocomio en Texas. No solamente estaba había perdido los signos vitales, también tenía moretones por todo el cuerpo, una gran herida en su cabeza y un brazo roto.
Las pruebas fueron contundentes, aunque Melissa, su madre, declaró que su hija se cayó de las escaleras. Era su palabra contra la de los fiscales. Varios meses de juicio y ella fue sentenciada a la pena de muerte.
Catorce años después ya hay una fecha para ejecutar la sentencia: el 27 de abril Melissa ingresará al pabellón de la muerte y recibirá la inyección letal, a menos que ocurra algo extraordinario.
Su defensa alega que la niña padecía una discapacidad motriz en sus piernas. La madre fue omisa al creer que las lesiones no eran de gravedad y estaba distraída al tener que atender a sus otros 13 hijos, pero asegura que no la mató.
La solicitud de clemencia no pide indultarla, sino solamente conmutarla por una pena menor. Muchos años después esta mujer sigue sosteniendo que ha sido juzgada por un crimen que no cometió.
Pero casi nada tiene a su favor, más que Melissa no tenía antecedentes penales cuando la detuvieron. Como ella hay 50 mujeres a la espera de ser ejecutadas, seis de ellas en Texas. El siguiente turno es el suyo.



