Hay un escritor de nombre John Allen Paulos quien dice que: “La más sorprendente de las coincidencias imaginables sería la ausencia completa de coincidencias”.
¿Qué probabilidades había de que el Dr. Faustino López dejara el Senado por la razón que fuera? Cero probabilidades. Hoy ante esta eventualidad remota Tamaulipas disfrutó muy pocos días del remanso político, pues ante lo inexorable de la muerte de un protagonista de la escena legislativa; la dinámica de la causa-efecto nos pone otra vez en el drama político electoral con indiscutible presencia en el ámbito nacional.
Existe una tendencia a mitificar nuestra sorpresa ante lo improbable, a pensar que ciertas sincronicidades accidentales son las ramas visibles de una red de causas mágicas y no un mero resultado del azar. Dentro del bosque de coincidencias existenciales, la flamante clase política tamaulipeca tiene frente a sí una prueba de fuego que exige mucha mano izquierda y sabiduría electoral, particularmente los posibles candidatos de Morena.
Muchas cosas en el mundo están definidas por el azar y esto nos lleva a ciertas coincidencias de la vida, que es inevitable no asomarse a ellas para analizarlas y a la vez no dejarse de sorprender. Uno de los hechos históricos que más coincidencias azarosas tiene para mí son las semejanzas entre John F. Kennedy y Abraham Lincoln publicado en 1964 por la revista “Time”.
Lincoln fue elegido en 1860 y Kennedy en 1960. Sus dos esposas perdieron hijos mientras vivían en la Casa Blanca. Ambos fueron asesinados en viernes, Lincoln en el Teatro Ford y Kennedy en un automóvil fabricado por la empresa Ford. Los dos recibieron un disparo en la cabeza. Los dos sucesores se apellidaban Johnson: Andrew Johnson, nacido en 1808, y Lyndon Johnson, nacido en 1908. Los dos magnicidas fueron asesinados antes del juicio.
Podemos preguntarnos, ¿qué significan estas coincidencias azarosas? La respuesta es, simple y llanamente nada; o por otro lado entender que la vida está sujeta al azar, esos sucesos que son altamente improbables, pero a la vez paradójicamente inevitables. El tema del azar nos lleva a las coincidencias históricas tamaulipecas. Políticos de nuestro estado que han pasado por la Cámara de Senadores justo antes de llegar a ser gobernadores, no son pocos. Enrique Cárdenas en 1970, Américo Villarreal Guerra en 1982, Cabeza de Vaca en 2012 y Américo Villarreal Anaya en 2018.
En el tiempo en que el ahora gobernador Américo Villarreal Anaya fue nombrado candidato a la senaduría, el martes 29 de mayo del 2018, el periodista Guadalupe Díaz tituló su columna con ánimo profético de la siguiente forma: “Américo para gobernador”.
Ese es el camino borrascoso en que el azar nos coloca a los tamaulipecos con la muerte del senador Faustino, la alta probabilidad en función de nuestra propia historia de que el elegido sea el próximo, de ese tamaño será la animosidad en la clase política.
Dada la inercia de triunfo que ha tenido Morena en nuestro estado es muy poco probable que este escaño del senado pase a manos de otro partido; el detalle mayúsculo será en la interna del partido del presidente AMLO y puede ser un preámbulo a nivel nacional de la forma como los guindos quieren ganar en el 2024.
Querido y dilecto lector, se trata de votos y en ese tenor quienes tomen la decisión deberán considerar a quienes más votos aportaron para el triunfo del doctor Américo. Entre ellos Mario López Hernández, alcalde de Matamoros y Maki Ortiz Domínguez, el poder tras el trono en Reynosa. Aunque por cuestiones de azar pueden ser otros u otras los nominados, cualquiera de estas dos opciones bien tejidas daría un triunfo sin tropiezos con ánimo de proyección para el 2024.
El tiempo hablará.


