Fotos: Facebook Roger Waters
Monterrey, N.L.-
Más allá de un carrusel de éxitos que (sin duda) deja complacida a su amplia fanaticada, This is Not a Drill, del legendario músico inglés Roger Waters, es el manifiesto político de un hombre de 79 años quien teme por la extinción de la humanidad, amenazada por una oligarquía no solo con libre acceso al botón de lanzamiento del arsenal nuclear, sino con el dedo bien puesto sobre él.
El recital, que debió de haberse presentado en México hace dos años pero fue postergado por un virus que vino del Oriente, es promocionado como la despedida de un músico que tiene bien cimentado su lugar en la historia, al ser la mente maestra de dos de los álbumes más trascendentales de la música: Dark Side of the Moon y The Wall, realizadas con junto con otros tres genios de apellido Gilmour, Wright y Mason.
En la superficie el concierto es un maravilloso y cuidadosamente curado recorrido por la imponente trayectoria de este cantautor originario del sur de la isla de Bretaña, quien regala a su seguidores los éxitos que todos quieren escuchar, desde sus tiempos en Pink Floyd hasta su carrera como solista.
Gracias a ello, las más de 17 mil personas que abarrotaron las gradas de la Arena Monterrey pudieron cantar a todo pulmón hits como Another Brick on The Wall (partes 3 y 4), Wish You Where Here, Run Like Hell, Money y Us And Them.
A la vez, se sorprendieron con la reinvención de Comfortably Numb (con la que arranca el concierto), la interpretación de clásicos como Have a Cigar, las partes 6 a la 9 de Shine On You Crazy Diamond, Sheep y Two Suns in the Sunset.
Por supuesto Waters no podía dejar fuera su carrera como solista y ofrece temas como The Powers That Be (del álbum Radio Kaos), The Bravery of Being Out of Range (de Amused to Death), Déjà Vu, Is This the Life We Really Want? (ambas de su más reciente disco) y la novedad: The Bar, una canción que escribió durante la cuarentena por la pandemia.
Sin embargo, estos clásicos de la música sirven para mucho más que divertir a los seguidores de Waters, son el vehículo con el que el músico externa de manera valiente (una cualidad cada vez más escasa en estos tiempos de la cultura de la cancelación), una férrea ideología y posición política que puede sonarle incómoda a más de uno.
Desde el arranque el músico es brutalmente honesto (algo que se agradece) y la amable voz del sonido local pide a los asistentes: “que apaguen su pinche celular” y, si no están de acuerdo con la opiniones ideológicas del músico, “irse a la chingada” (ambas peticiones son en inglés, pero la traducción del reportero es muy cercana a la intención con la que son hechas).
Ahí comienza un viaje donde el músico, partiendo de la clasificación ofrecida por George Orwell en su libro Rebelión en la Granja, donde los cerdos son los oligarcas y políticos, los perros las fuerzas armadas y el resto de nosotros las ovejas; nos insiste en que la avaricia de los porcinos llevará a la humanidad a una segura extinción. Sobra decir que esta obra, de 1945, fue la semilla que germinó en Animals, el clásico álbum de Pink Floyd recién reeditado.
Waters toma cada uno de sus éxitos para compartir con su público su mensaje de que hay que dejar de ser borregos, que necesitamos tomar el control de la narrativa y dudar de todo lo que las élites nos dicen por medio de instrumentos de control como las redes sociales.
Tomemos como ejemplo Comfortably Numb, la canción que (se supone) sería el final perfecto para cualquier concierto de Roger pero, en este caso, es presentada en una versión minimalista y mayormente vocal que sirve como fondo para presentar las imágenes de una humanidad post apocalíptica que, ni siquiera en ese futuro distópico, renuncia a su adormecimiento porque así les conviene a los Poderes Fácticos.
Continuar con The Happiest Days of Our Lives y Another Brick on the Wall (partes 3 y 4) es mucho más que una decisión de levantar el ánimo de la audiencia, es un llamado a la rebelión, a cuestionar todo, a exigir justicia y respeto a los derechos fundamentales de la humanidad.
Este repudio a quienes sostienen los hilos que mueven a la humanidad continúa con The Powers That Be y The Bravery of Being Out of Range, donde Roger nos muestra lo evidente: que las élites no dudarán en matar para perpetuarse en el poder, prueba de ello son Jorge y Javier, dos estudiantes asesinados por el Ejército Mexicano el 19 de marzo del 2010 en Monterrey y quienes fueron recordados en este concierto.
No olvidemos que el músico tiene 79 años y es por ello que se entiende que se tome el tiempo para reflexionar lo que ha sido su vida y mostrar su nostalgia por los amigos perdidos, para ello decide tocar (casi) por completo el el lado B del álbum Wish you Where Here, iniciando con Have a Cigar (donde muestra fotografías de su feliz pasado junto a Pink Floyd), Wish You Where Here (con el consabido homenaje a su amigo Syd Barret) y las partes 6 al 9 de Shine On You Crazy Diamond, en la que, partiendo de la experiencia de Barret y suya propia, cuenta cómo fue su colapso nervioso y la importancia de estar informado sobre la salud mental.
La primer parte del recital concluye con una gran interpretación de Sheep, donde se nota el esfuerzo de Waters de cantar como lo espera su público, quien disfruta mucho el paso por los aires de un borrego inflable.
El clásico vuelo del cerdo por encima de las cabezas de los asistentes es el distractor perfecto para que el público no se de cuenta del regreso de los músicos, con lo que se consigue el estruendo que se requiere para iniciar con In The Flesh y Run Like Hell, donde Roger se pone el uniforme del dictador líder de la Banda Sustituta, quien llega para diseminar su mensaje contra los diferentes, los rebeldes y asegurarse que todos estemos pegados a las pantallas de nuestros teléfonos “inteligentes”, adormecidos por las redes sociales.
El ritmo y la intensidad se toman una pausa con Déjà Vu y Is This the Life We Really Want? pero el mensaje sigue siendo el mismo.
De ahí las cosas toman un tinte glorioso cuando Roger decide tocar completo el lado B del enorme Dark Side of the Moon, empezando con Money (donde vuelve a arremeter contra los cerdos oligarcas), Us and Them (que sirve para mostrar los horrores de la guerra) y cerrar con Any Colour You Like, Brain Damage y Eclipse, que regalan una experiencia casi divina pues, en serio, ví fanáticos llorando cuando encima del escenario apareció el prisma y los colores del arco iris que dieron paso a los decenas de rostros que nos dicen que no obstante los colores de piel y la raza, todos somos partes de una misma especie.
El encore es anticlimático pues, luego de elevarnos con una de las mejores caras B de la historia, Waters insiste en su advertencia de que el reloj del fin del mundo está a 100 minutos de la medianoche, todo porque la Guerra en Ucrania puede desencadenar un cataclismo nuclear.
Después, como ha sido una costumbre en sus conciertos, Rogers cierra con Outside the Wall, no sin antes dejarse apapachar por sus fanáticos quienes en dos ocasiones lo pusieron al borde de las lágrimas al cantar su nombre.
¿Será en realidad esta la última vez que veremos a Roger Waters en vivo? En lo personal espero que no, pero tampoco tengo dudas que así sea; el hombre roza las ocho décadas en este mundo y merece descansar.
Sin embargo, hoy que su gira por México continúa, se agradece que exista un artista comprometido con sus creencias políticas y no tenga miedo de gritarlas al mundo, porque más allá de lo “políticamente correcto”, una costumbre que tanto daño nos está haciendo como especie, no hay más camino que la honestidad.
Gracias Roger por su música y mostrarnos cómo deberíamos de ser.




