Una de las frases que cae más gordo escuchar es “te lo dije”… pero aquí cabe a la perfección.
Hace unos meses, cuando Miguel Herrera llegó a Monterrey para ocupar la dirección técnica de Tigres, me tacharon de menso (bueno, pend…) cuando dije que el único motivo por el que la directiva felina lo había traído era para que los metiera en el radar nacional.
Hace meses dije que el arribo de Herrera no respondía al deseo de ganar campeonatos, jugar bonito o “meter chingo de goles” (éjele, ¿a poco se la creyeron?).
Herrera llegó a Tigres para aprovechar su cualidad mediática, para que los medios y analistas nacionales voltearan a ver a la institución felina y lo mencionaran en sus programas de fin de semana, en sus mesas de discusión, en sus portadas que circulan en la Ciudad de México.
La directiva se dio cuenta que los trompetistas locales, esos que aplauden todo lo que hace el equipo incluso cuando se equivoca; no eran suficientes para meterlos en el plano nacional.
Herrera vino para, de una vez por todas, satisfacer esa obsesión en un sector de la afición y directiva de Tigres de que el equipo fuera considerando uno “de los grandes”, un “internacional”.
La intención se entiende pues para muchos en la institución ha de ser insoportable ver que aunque fueron el equipo de la década, con uno de los mejores jugadores extranjeros que ha pisado una cancha mexicana, no estuvieran en la mesa donde solo Cruz Azul, Chivas, América y Pumas tienen un lugar.
Hoy que han pasado tres temporadas donde Herrera ha fracasado en su intento de darle al equipo un campeonato, perdiendo de fea manera; la afición y directiva no puede darse por estafada, pues no lo trajeron para eso.
Hoy los medios nacionales hablan de Tigres… mal pero hablan de ellos. Entonces podemos decir que en ese tema “El Piojo” cumplió… a medias.
Todos en Monterrey sabían qué clase de técnico era Herrera y estaban conformes con ello porque, después de todo, en su interior albergaban la esperanza de que en una de esas se podía repetir el chiripazo de que el portero metiera un gol de último minuto en una final.
Se entiende que la afición esté enojada, pero tampoco es para que se hagan los sorprendidos… obtuvieron por lo que pagaron.
¿Se va a quedar Herrera en Tigres? Quién sabe, quizás no, porque después de todo la paciencia tiene un límite… incluso en una afición tan fiel como los Incomparables.

