Fotos: gunsnroses.com
Monterrey, N.L.-
Está claro que en estas dos primeras décadas del Siglo XXI, la nostalgia se ha erigido como una de las fuerzas más poderosas en el mundo del entretenimiento.
El anhelo por volver a vivir los tiempos en que éramos jóvenes y felices se ha convertido en un poderoso motor que mueve a miles de personas a conciertos, series de streaming y películas.
Los ejemplos sobran y hoy, las estrellas que hace unas décadas eran más grandes que la vida misma, se dieron cuenta de lo redituable que les resulta embarcarse en una gira más.
Guns and Roses, con su tour We’re F’N Back! 2021 que se presentó en el Estadio Mobil Super de Monterrey es un claro ejemplo de esta teoría.
La noche del 23 de octubre, miles de fanáticos regiomontanos gozaron con la presentación de la agrupación originaria de Hollywood, que en 1987 mató de un solo golpe al Glam Rock con su mítico álbum Appetite for Destruction, iniciando una caótica e intensa carrera que los llevó a ser, por un tiempo, la más grande banda en el mundo.
La raza podía estar contenta pues, luego de mucho tiempo, pudieron volver a ver juntos en el escenario a Axl Rose, Duff McKagan y Slash, miembros fundadores del grupo, quienes estaban acompañados por Dizzy Reed (parte fundamental en los álbumes Use you Illusion I y II, The Spaghetti Incident? y el olvidable Chinese Democracy).
Richard Fortus, Frank Ferrer y Melissa Reese completaban la formación ofreciendo un trabajo destacable.
Todos ellos se embarcaron en un viaje por las veredas de la memoria donde no solo recorrieron la carrera musical del grupo, sino hasta se dieron tiempo de homenajear a sus héroes de la juventud y principales influencias.
Durante las dos horas y media (más, menos) que duró el concierto, todos los presentes cantaron, saltaron y bailaron como si volvieran a tener 16 años… algo que en algunos casos resultó verdad, pues muchísimos padres de familia llevaron a sus hijos adolescentes y hasta niños para que vieran en vivo a sus ídolos.
La nostalgia por ver otra vez juntos a (la mayor parte de) Guns and Roses fue tan poderosa, que hasta permitió perdonar la clara decadencia de la antes poderosa voz de Axl quien, dicho sea en su descargo, se entrega durante todo el show, corriendo de un lado a otro y esforzándose para alcanzar las notas que hace años lo volvieron el más importante front man del rock y el metal.
Siendo sinceros este show bien pudo haberse llamado Slash y los otros, pues es el guitarrista quien, de manera soberbia, carga con el peso de todo el espectáculo, demostrando por qué es una leyenda de las seis cuerdas y la música.
Gracias a Slash el show logra mantenerse a flote. Algo que resulta evidente cuando te das cuenta que la ecualización del sonido está manipulada de tal forma, que la guitarra del hombre del eterno sombrero siempre sonará más fuerte que el resto de los instrumentos, permitiendo con ello esconder los pecadillos en la voz de Axl, quien a sus 60 años no puede ocular los efectos del paso del tiempo.
Tras una corto animado de las aventuritas de un robot en el templo perdido, misma que apareció en las pantallas gigantes y que todos olvidaron casi de inmediato, el espectáculo inició poderosamente con “It’s So Easy” y “Mr. Brownstone” de Appetite for Destruction.
Tras la interpretación de “Chinese Democracy” que ayudó a la raza a tomar aire, vino la primer sorpresa de la noche, cuando en un verdadero acto de valor, Axel se atrevió a interpretar “Slither” de Velvet Revolver, la banda que Slash, Duff y Matt Sorum conformaron junto con quien es considerado como una de las mejores voces en el rock y el metal, Scott Weiland, tristemente fallecido. Aquí se puede decir que el señor Rose superó la prueba.
El primer estallido de júbilo vino con “Welcome to the Jungle” que arrancó precedido con una introducción donde Slash le hizo un pequeño homenaje a Link Wray and the Wraymen con su clásico “Rumble”.
Gracias a “Reckless Life” y “Double Talkin’ Jive” los ánimos continuaron muy alto, lo que sirvió para la el goce de escuchar “Live and Let Die”, el cover que le hicieron al que es considerado el mejor tema realizado para una película de James Bond, creación de un tal McCartney y su banda Wings.
“Estranged”, “Shadow of Your Love” y “Rocket Queen” dieron paso a “You Could Be Mine” del film Terminator 2.
Quizás para darle un merecido descanso a Axl, Duff tomó el micrófono para homenajear a las leyendas del punk Misfits con su versión de “Attitude”, incluida en The Spaghetti Incident? y que le daba a todos los presentes una pista de más o menos por dónde salió el sonido de GNR.
“Absurd” y “Hard Skool” sirvieron como preludio a “Civil War” donde, por unos minutos el grupo decidió ponerse serio y condenar el conflicto bélico que se vive en Ucrania. De hecho, dos banderas de esta nación ondeaban a los lados de los escenarios, algo que seguramente pocos había notado hasta ese momento.
La noche avanzaba y aprovechando que ya tenía garganta más aclimatada, Axel se lanzó de lleno a interpretar “Sweet Child o’ Mine” y “November Rain”, regalando el punto más alto de la noche, con miles de voces coreando las estrofas de esta canción que se ha convertido en un himno para muchos.
No pudo faltar “Knockin’ on Heaven’s Door”, su cover a la canción del Premio Nobel de Literatura Bob Dylan que sin duda supera a la original y “Nightrain”, con lo que el grupo abandonó el escenario por unos minutos para dar paso al consabido encore donde interpretaron “Patience”, “Don’t Cry” y (para completar la lista de éxitos) “Paradise City”, que permitió tanto al grupo como a sus fanáticos a aventar su resto, lanzándose de lleno al baile y el canto entre una lluvia de cerveza producida por los vasos que de pronto comenzaron a volar por los aires.
La experiencia estaba completa, aquellos que escuchamos a Guns and Roses desde 1987 volvimos a tener 17 años de edad y los adolescentes que crecieron escuchando sus éxitos por la terquedad de sus padres de ponérselos una y otra vez, entendieron por qué esta agrupación es trascendental.
Nadie se fue insatisfecho, todos celebramos esta comunión con un grupo cuyos mejores años ya son historia pero aquí siguen, gracias a la fuerza de la nostalgia que nos impide meterlos en el cajón de los olvidos.





