El mundo esta lleno de personas a quienes les toca nacer en condiciones adversas o en circunstancias desfavorables. Muchas veces dichas condiciones y circunstancias son el resultado de malas decisiones tomadas por los padres. No es extraño que, los padres conscientes de sus errores, se sientan terriblemente culpables de causarles a sus hijos ”penas inmerecidas” y carencias que luego tratan de sobre compensar con excesos. Sinn embargo esto resulta siempre en un mal logrado acto de contrición que no solamente falla en expiar la culpa de los padres, sino que termina por deformar la personalidad de un hijo(a) para quien nada será suficiente, probablemente tiránico, narcisista y manipulador.
Por ejemplo: Los padres divorciados, ausentes, adictos-rehabilitados, violentos, etc, pueden alcanzar, en algún momento de su vida, consciencia sobre los estragos causados por sus conductas erráticas y el efecto que esto tuvo sobre sus familias, especialmente sobre sus hijos. Y, aunque el daño está hecho, buscan desesperadamente “reparar” el irreversible impacto del sentimiento de culpa y “lavar” su consciencia, tratando de aliviar el remordimiento con excesos de otra índole; excesos que no cubren las carencias ni los vacíos del pasado, pero sí buscan comprar la indulgencia del hijo(a) lastimado. El perdón no se compra ni se consigue con sobornos…El perdón se gana; y no depende de la generosidad del culpable, sino de la nobleza y la voluntad del ofendido.
Reparar el daño no es fácil y no siempre es posible, pero los intentos desesperados, sobre compensatorios y excesivos, no solo no reparan el daño original, sino que bien pueden causar otro. Los “guilt-babies” o hijos de la culpa, no tardan mucho en darse cuenta de que la dinámica no se trata de sanar sus heridas, sino de aliviar la consciencia de quien siente haberles fallado. De ahí que pronto aprenden a sacar ventaja de la situación asumiendo una actitud frente la vida en la que pareciera que el mundo entero está en deuda con ellos o que el mundo no los merece; conducta que a la larga, termina por afectar su entorno social en general.
Reparar el daño, reponer el tiempo perdido, recuperar la confianza quebrantada, implica no solo reconocer el error, sino aprender a tomar mejores decisiones: moderación, prudencia, empatía, presencia, constancia y congruencia son los verdaderos bálsamos…Y no la extrema permisividad, complacencia, ponerse “de tapete” o el “soborno emocional” con bienes materiales.
En una sociedad tan complicada y hostil, donde los errores personales causan una infinidad de daños colaterales, cada vez hay más “hijos de la culpa” y por eso no es extraño que el mundo esté lleno de narcisistas, ególatras y materialistas insaciables. Ninguna persona es perfecta, todos nos equivocamos, tomamos malas decisiones consciente o inconscientemente y cometemos errores que suelen dañar a los hijos y seres queridos. El pasado no se cambia ni se borra. Solo se puede asumir la responsabilidad y cambiar el presente con la esperanza de un mejor futuro. I el daño fue causado por la irresponsabilidad y la inconsciencia, asegurémonos de que la enmienda sea un acto de responsabilidad consciente.

