Monterrey, N.L.-
Hace poco más de una década que Leticia del Rocío Hernández publicó “Dignidad para llevar”, un libro en el que habla sobre la vulnerabilidad de la mujer quien, cuando se encuentra perdidamente enamorada no alcanza a distinguir sí está inmersa en una relación en la que pueda convertirla en una víctima de la violencia de género.
“Cuando estamos involucrados en una relación de pareja, el primer momento es el que quisiéramos que perdure en toda la relación, ya que es el momento en que mostramos nuestra mejor cara. Este sentimiento nos impide tener presente que eso no es la vida, que la vida es una gama de matices en donde hay una serie de emociones involucradas como enojo, tristeza, alegría, duelo, impotencia, muchos sentimientos que va a ser que hoy amanezca con una cara y mañana con otra cara distinta.
“La persona de la que nos enamoramos no permanece inmutable todo el tiempo, yo creo que lo bonito es permitirnos el ir creciendo como pareja; poderlo hablar y poder llegar a un punto de acuerdo en el que estas emociones no nos afecten y que tampoco nos provocan hacernos daño como pareja”.
Consideró que cuando la mujer todavía enamorada se aferra a que todo siga color de rosa, que todo siga bonito, pero cuando su pareja sentimental presenta una cara distinta y la violenta de una manera no se puede identificar, debe aceptar que es mejor alejarse.
Leticia del Rocío, quien es abogada de profesión, mencionó que “Dignidad para llevar” es un relato íntimo para la mujer que sueña, busca y encuentra el amor a sí misma.
“Es una experiencia personal propia y también la de un círculo cercano, y pues lamentablemente creo que en muchas situaciones se da esta carga emocional que llevamos las mujeres de responsabilizarnos a nosotras del éxito o fracaso de una relación, que en realidad no es fracaso, es aprendizaje.
“Pero visto visto desde el señalamiento y del juicio, se cree que si las cosas no van bien, tengo que seguir aparentando que todo está bien, que todo está perfecto y que va funcionando y entonces sucede que vamos permitiendo situaciones que vulneran nuestra dignidad e integridad, y lamentablemente no se busca ayuda profesional”, apuntó.
En relación a esto, señaló que no necesariamente se tiene que hacer una denuncia, o acudir a terapia; sino que simplemente poner 5 kilómetros de distancia y decir “aquí no es”.
En el capítulo “Bebidas peligrosamente calientes para estómagos peligrosamente ¿tolerantes? “ , la autora da uno de los tantos ejemplos sobre lo fácil que es darle entrada a situaciones de riesgo para sufrir violencia de género.
“Y así, nos vemos leyendo y respondiendo mensajes de texto mientras se maneja para recoger a una amiga en el aeropuerto con el consabido riesgo de estamparse en un muro de contención, todo por la emoción que causa saber de un individuo que apenas se acaba de conocer.
“Y claro, unos y unas se sinceran tanto como pueden o quieren, para sincerarse tal como son.. o como se conciben en ese momento. Y es responsabilidad de una, en ese instante, leer con los ojos bien abiertos, las letras que tienen frente a sí, o escuchar con oídos muy puestos y atentos las palabras que se pronuncian… porque, de otra manera, se corre el riesgo de verse envuelta en una revuelta de defensa de género, tanto masculino como femenino, pero no sustentado en sus fortalezas, sino haciendo hincapié en sus debilidades cuando de una relación sentimental se trata”.
Dijo que una vez que la mujer decide salirse del círculo vicioso en el que cayó la relación, es importante que sepa que aún con que sea un proceso difícil y complicado, contará con una red de apoyo que está formada por amigas, familiares y/o compañeras de trabajo.
“Yo creo que es muy importante tener esta red de apoyo, pues muchas veces cuando se está en una relación tóxica, no andas buscando esa red, porque no tienes los elementos para pedirla, pero quienes nos damos cuenta que hay una hermana o una amiga que está viviendo esta situación, podemos estar cerca y disponibles para que cuando ella necesite, sepa donde acudir”, expresó.
Además de la red de apoyo más cercana que tenga la mujer que ha decidido separarse o divorciarse, y que ahora se enfrenta a otros problemas como la manutención de sus hijos, Hernández apuntó que el Estado debe intervenir para solucionar este conflicto.
“En esa situación es donde nuestra red de apoyo sirve, pero se deben de extender los brazos del Estado; ahí es donde se debe de buscar esa extensión del papel protector del Estado en las situaciones en que las mujeres son víctimas de violencia, y se debe de accionar este mecanismo que tanto la madre como los hijos e hijas puedan entrar en un sistema de protección de sus derechos.
“Porque una mujer que ha vivido violencia y que además no tiene esta autosuficiencia económica y tiene hijos e hijas, el padre sigue siendo responsable de la salud, de la educación de sus hijos e hijas, por lo que el Estado debe obligarlo para que cumpla con su obligación”, argumentó.
Leticia del Rocío mencionó que la segunda edición de “Dignidad para llevar” se hizo en colaboración con Colmena Cultural, ya que la primera se realizó en 2010.
“En estos años no he dejado de recibir comentarios positivos por parte de las lectoras afortunadamente para mí como escritora, pero desafortunadamente quiere decir que seguimos viviendo relaciones tóxicas”, manifestó la autora.


