Hace unos meses, una noticia saltó a los titulares de los medios de comunicación “Mujer transgénero, embaraza a dos mujeres presas”; parecía una broma, pero era real. Pasó la novedad y quedó en el olvido, dejando pendiente el debate de lo que está sucediendo en los sistemas de justicia a nivel global.
El que la ciencia y la biología se estén dejando de lado, para regular cuestiones tan importantes como las leyes, bajo el árbitro de las ideas que cambian conforme la marea, es un tema relevante que demanda atención.
El caso que mencione al inicio es un referente de lo anterior, Demi Minor, ingresó a la prisión de Nueva Jersey a los 16 años por el cargo de homicidio imprudencial. Pidió ser enviado a una presión de mujeres por considerarse “una mujer transgénero”, sin embargo, cuando se le planteó la posibilidad de someterse a un tratamiento de reasignación de sexo se negó.
Pero cuando en el año 2021, Nueva Jersey promulgó una ley para permitir que los presos fueran alojados de acuerdo con su identidad de género preferida; sin requerir que se sometan a una cirugía de reasignación de género, “Demi” fue trasladado a una prisión femenina, donde tuvo relaciones conscensuadas con dos presas, producto de lo anterior las dos reclusas resultaron embarazadas; una de ellas decidió abortar y la otra continuar con el embarazo.
Esto fue un escándalo y el gobierno se vio obligado a enviar a “Demi” de nuevo a una prisión de varones, desde ahí ha denunciado discriminación, ya que en ocasiones reiteradas se dirigen a su persona como “él”, por lo que exige se le vuelva enviar a una prisión femenina.
Por increíble que parezca este tipo de situaciones no son algo aislado, en Reino Unido Stephen Wood estaba en la cárcel por el delito de violación contra mujeres y abuso sexual contra al menos tres menores, una vez en prisión se valió de ese mismo argumento “percibirse como mujer” para ser transferido a una prisión de mujeres, donde incluso hay infantes con sus madres presas, el sujeto se cambió el nombre a Karen White, de manera que un violador de mujeres fue a parar a una cárcel femenina, ya estando ahí inicio un tratamiento de reasignación de sexo, pero durante ese tiempo abusó sexualmente de varias presas por lo que se interpusieron 4 demandas.
Al respecto hay voces expertas que se alzan, como la directora de Howard League para la Reforma Penal, Frances Crook, quien ha denunciado que las mujeres presas que son vulnerables están siendo puestas en riesgo por la política penitenciaria del Reino Unido. Según las cifras oficiales en Gran Bretaña, las presas trans tienen cinco veces más probabilidades de llevar a cabo ataques sexuales contra las reclusas en las cárceles de mujeres que otros presos. Según las cifras publicadas del Ministerio de Justicia, 60 de las 125 mujeres transgénero que han sido condenadas en Inglaterra, lo fueron por delitos sexuales.
Otro caso es el de Hobby Bingham, en Washington, Estados Unidos, tras ser condenado por abusar de una menor, se declaró “mujer trans” para poder ir a una cárcel femenina. Una vez allí, abusó sexualmente de su compañera de celda, al término de su condena retomó su identidad masculina.
Estos ejemplos que ponen en evidencia los errores en que caen los sistemas de justicia de los países de primer mundo, bajo la mirada condescendiente de la población, permitiendo que una idea este por sobre la ciencia y la naturaleza; como el hecho de que un preso pueda ir a parar a una cárcel de mujeres, sin que antes, se someta a una completa “reasignación de sexo”, es decir terapias hormonales y demás procedimientos médicos.
Esta política ha puesto en peligro a las mujeres presas, y muestra lo vulnerable del aparato legislativo que puede ser usado a beneficio de quienes saben sacar provecho a estas leyes de moda para obtener un beneficio personal. De tal manera que mientras no se genere un debate serio, cada vez más países caerán en la tentación de legislar a gusto de algunos órganos internacionales, para los que los temas de derechos humanos se han centrado en cuestiones de “autopercepción” dejando a un lado la misma realidad, que como en los casos anteriores, termina arrojando situaciones que parecen escapadas de la ficción.


