A Brasil se le aparece Rossi

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Brasil no puede escaparse del mismo fantasma que aparece una y otra vez en su historia.

El fantasma que alguna vez llevó la máscara de Paolo Rossi…otra la de Alcices Ghiggia.

La verde amarelha cayó en penales este viernes ante la guerrera Croacia. Los nombres de Rodrygo y Militao aparecen como los villanos, por sus fallas en la serie de penales.

Pero sobre este descalabro histórico se cierne una sombra a forma de pregunta: ¿Qué hacía Brasil atacando con tantos hombres, con ventaja en el marcador y en el minuto 118 del tiempo extra?

Croacia igualó 1-1 un partido que se les escapaba tras una genialidad de Neymar, que ponía adelante a Brasil, al minuto 105.

Quizá ningún evento deportivo en el mundo contiene una idiosincrasia propia, una serie de sucesos cíclicos alimentados por sí mismos, como una Copa del Mundo.

Desde que el 1950, cuando perdió la Copa del Mundo, en manos de Uruguay, en lo que se conoce como el Maracanazo, Brasil ha sido víctima y héroe bajo su principal selló de identidad: el futbol espectáculo, la alegría, la fiesta dentro del campo, y su negativa a especular, a cuidar el marcador.

En 1982, arriba en el marcador, a Brasil le bastaba un empate para echar a Italia y avanzar a la Semifinal. Pero su instinto ofensivo, su orgullo, le impidió a su técnico, Tele Santana, ser cauteloso para cuidar la ventaja, lo que aprovechó el contragolpe letal de la azurri, que con tres goles de Paolo Rossi, lo derrotó 3-2, para infringirle una de las derrotas más dolorosas en la historia de los Mundiales.

Una derrota monumental para la gran generación encabezada por Zico, Sócrates y Falcao.

Cuatro año después, en México: Brasil y su juego ofensivo, volvieron a pagar el precio de la eliminación, aún bajo la batuta de Santana, esta vez al caer en penaltis, contra Francia.

Ambas derrotas crearon un duro trauma en la verde amarelha, que en los siguientes dos mundiales, Italia 90 y Estados Unidos 94, se dedicó a crear un medio campo fuerte, rocoso, para evitar volver a perder por la generosidad de su juego. Ese estilo le dio el título en Estados Unidos, pero lo alejó de sello de identidad: el Jogo Bonito.

Durante las últimas tres décadas, (ganó en Corea-Japón 2002, su quinto título en una Copa del Mundo, con un futbol acusado de individualidades), bajo la guía de Felipao Scolari, Brasil se ha dedicado a buscar reencontrarse con su futbol arte, pero procurando una media de recuperación sólida.

En Qatar 2022, parecía lograrlo, con un mediocentro fuerte, que giraba en torno a Casemiro, y los volantes de afuera se metían al centro para hacer el bloque, y la línea defensiva alineaba hasta con tres hombres zagueros centrales de vocación ((Thiago Silva, Marquinhos y Miliato), más otro que también ha jugado ahí (Danilo). Parecía imposible que la gran favorita de siempre, Brasil, esta vez dejara escapar la ventaja.

Un total 118 minutos de bloque sólido, pero como si un destino predeterminado estuviera al acecho, en un breve parpadeo, en el que despertó el viejo Brasil…

El Brasil de la tragedia del 50, y de la catástrofes de España 82 y México 86, Paolo Rossi vino del ayer, para, con la máscara de Pretovic, igualar el marcador, aprovechando los espacios que dejó atrás la verde almarelha, hipnotizada, embriagada, por su propia magia, con Neymar perdiendo el balón mientras intentaba pisarlo con una alegría de Copa Cabana.

Croacia 1-1 Brasil, en el gol anotado con más tiempo en el reloj, en la historia de los Mundiales.

El resto (los penales)… es historia, vieja y nueva.

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