Reynosa, Tam.-
El sol se esconde en la frontera de Tamaulipas. Se hace tarde, los trabajadores levantan sus herramientas, se limpian las manos. Presurosos se alistan para volver a casa, menos uno, que la tarde del jueves 26 de enero se queda a terminar un arreglo.
Los minutos transcurren, anochece rápido. El hambre comienza a manifestarse; el frío y el cansancio también, pero don Miguel sigue obstinado reparando un automóvil escarabajo de la Volkswagen.
Maniobrando debajo del coche su corazón palpita rápido, pero sin saberlo serán los últimos latidos antes de sobrevenirle una inesperada tragedia.
En la mecánica hay una regla fundamental: nunca confiarse solamente de un ‘gato’ para sostener una pesada unidad. El vehículo con más de una tonelada se desbalanceó, se le cayó encima.
Enfrentado a una muerte anticipada don Miguel quedó prensado sin ninguna oportunidad para poder liberarse. Con sesenta y cinco años exhala el último de sus alientos.
Su rostro, desfigurado, traumatiza a cualquiera que pudiera mirarlo. Estupefactos los vecinos se percataron del cuerpo debajo del Beetle. ¡No parece moverse!, reaccionaron, pero ciertamente ya era tarde.
Marcaron a los servicios de emergencia; sin embargo, hacía varios minutos que sus signos vitales se habían extinguido. Ya no más volvieron a escucharle otra vez.
Los servicios periciales hicieron su arribo para dar fe de esta desgracia, por una malograda reparación que el hombre realizaba solo en un taller de la calle Río Pánuco en la colonia Longoria de Reynosa.
Compungidos, sus amigos se quedarán con el recuerdo de un ser humano que hizo hasta el último momento lo que más quería. Por un descuido o un accidente, la duda rebotará por mucho tiempo dentro de sus cabezas.


