La fama y el negocio sexy del futbol

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Tengo un amigo que alguna vez fue jugador profesional de futbol a nivel de Selección Nacional. Observé sus progresiones desde fuerzas básicas, hasta su debut, en primer equipo y, luego, su encumbramiento, como integrante del Tri.

A sus veintipocos años, cuando firmó como jugador profesional de futbol obtuvo un sueldo de ensueño. Por patear una pelota y entrenar a diario le pagarían el equivalente a unos 400 mil pesos al mes, de los de ahora. Hace poco hablé con él y evocamos esa época de gloria. Recuerda que se volvió loco de contento cuando pudo ganar mucho dinero con su habilidad extraordinaria.

Al hacer evocaciones, tocamos el tema de Dani Alves y sus líos con la ley, en Barcelona, por haberse propasado, de manera criminal, con una joven en una disco, un caso muy sonado que parece que tendrá consecuencias muy serias. Me dice el amigo que entiende al brasileño, aunque no lo justifica. Si bien, nunca alcanzó ni su nivel como jugador, ni su reconocimiento en el mundo del futbol, sabe lo que se siente saborear las mieles de la fama, el delicioso sabor del halago, la cálida sensación de proximidad de las chicas, que buscan estar cerca de la gente reconocida.

Luego de estampar su firma en el club, mi amigo compró un camionetón del año, y remodeló la casa. Renovó todo el amueblado de la recámara de su mamá, para que dejara la vetusta cama que ocupaba. Tenía un amigo con el que iba a entrenar, y de puro gusto le regaló la motocicleta nueva que siempre había querido tener.

En ese año de ensueño, aún se jugaban en el torneo mexicano los torneos largos. El campeonato era desgastante, pero él se sentía entusiasmado en cada partido, porque vivía su gran anhelo.

Junto con el contrato que signó le llegaron en paquete reconocimiento, fama y chicas.

Mi amigo ahora tiene un matrimonio sólido, con hijos mayores. Uno de sus muchachos también se casó y ya lo hizo abuelo. Como muchos ex jugadores, trabaja como instructor de futbol en una escuela privada y le va bien. Recuerda que por la exposición en medios, de repente se hizo guapo. Siempre fue atlético, pero nunca galán, aunque de pronto, porque salía en los programas nacionales de futbol, le empezaron a ver ojos bonitos.

Dice que, afortunadamente, pudo sortear bien esa parte de su carrera. Como era de temperamento apacible, nunca se enganchó con el asedio de las muchachas. Aceptó algunas invitaciones a fiestas, pero nunca se enredó en algo formal. En cambio, dice, uno de sus compañeros de generación embarazó a una chica, fan ocasional, con la que luego se casó. Los problemas personales lo desconcentraron y no puso hacer una trayectoria. Dejó el balón, tuvo un matrimonio que dio tumbos durante años, hasta que finalmente se estabilizó.

Me dice que en esos ambientes de exposición mediática abundan las mujeres que se sienten atraídas por los hombres de éxito, los que salen en la tele, los que aparecen en revistas y periódicos. A ellas les gusta ese ambiente de jet set, discotecas, primeras filas, ropas costosas, coches nuevos, spas, mansiones, aviones privados. Las que son muy guapas, con frecuencia terminan convirtiéndose pareja del deportista y hasta se casan con él. Claro que el futbolista también se aprovecha de los anhelos de las chicas, que se lían con ellos. Mientras les den lo que pidan a ellos no les importa que ellas presuman entre sus amigas que los conquistaron o que pasaron juntos deliciosos fines de semana en la playa.

Lo que pasó con Dani Alves remueve archivos policiacos del pasado. Se han contado en años recientes relatos ingratos chicas que fueron víctimas, con agresiones de diversos grados, de grandes estrellas como Maradona, Neymar Jr. Robinho, Ryan Giggs, Chad Evans y hasta el superastro Cristiano Ronaldo.
El que está en la pasarela mediática camina sobre hielo quebradizo, me explica el amigo. Si das un mal paso te caes y te hundes, sin que te puedan rescatar. Pero para muchos vale la pena el riesgo, porque el futbol es un negocio irresistiblemente sexy.

Parece ser que es lo que le pasó a Dani, casado con una top model, pero en busca de otras diversiones. No le es suficiente lo que tiene y busca algo extra.
En público, es un tipo adorable, el zaguero carioca. La fanaticada lo adora, porque es muy cercano a la tribuna, como lo constataron los aficionados del Barza y, más recientemente los de Pumas. Parece difícil entender que un profesional de ese perfil se convierta en un violador, como lo señala una chica que fue su víctima, según ha difundido, en declaraciones que le han dado la vuelta al mundo.

No hay fórmula para evitar el mareo que provoca el éxito frente al gran público, concluye el camarada. No hay manual de prevención, ni tutor que transmita esos conocimientos. Uno, de joven, debe ablandar su cabeza dura para experimentar en persona el vértigo que provocan el dinero y la adulación. Debe sentirse afortunado el profesional que pasa indemne por esa etapa, que puede ser una trampa mortal de una carrera prometedora.

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